Así vivimos La Montaña Leonesa (periódico lacianiego de 1958 a 1962)

El chaflán de la casa de Correos de Villablino, es el escenario de lo que se narra

A la hora de la llegada del correo, el trozo de calle situado entre el bar El Tropezón y el chaflán de Correos era un bullir continuo de gente que esperaba una carta, el periódico, un paquete o simplemente miraba a los que sí lo esperaban mientras se hacía la hora de la partida de tute. Además de los que venían a recoger la correspondencia de los apartados de Correos o un paquete, era punto de reunión de desocupados y una especie de mentidero donde se podía hablar de lo sucedido o de lo imaginado. Durante una hora, la esquina de Correos era el centro neurálgico del pueblo. Allí estaba Luis Dobarco, con su impecable traje azul marino, esperando las cartas de La Minero Siderúrgica; Pepín Vaquero, con las dos manos metidas en los bolsillos traseros de su pantalón en una pose muy característica, esperando los diarios de Madrid; Román el de la zapatería, con su sempiterna sonrisa socarrona, esperando no sé qué; Noval el relojero, con su pipa apagada y bien sujeta entre los dientes, a ver si le llegaban los repuestos que necesitaba; el del banco Hispano y el del Central y otros cuantos que no recuerdo que pintaban allí. Allí estaba Horacio el pescadero, que no esperaba ninguna carta, sino las cajas de pescado con que se ganaba la vida y que venían mezcladas con las sacas de correspondencia. También habría algún impaciente que quería que Tilo le diera su carta al acabar de clasificarlas, sin esperar a que el reparto llegara a su casa. En fin, todo el que esperaba algo en Villablino, se daba cita delante de nuestra ventana a las dos y media de la tarde, de lunes a viernes. A los pocos minutos de que los primeros viajeros que subían de la estación desfilaran con dificultad entre el abigarrado grupo allí reunido, se oía el pedorreo de la isocarro de Ferreras anunciando que el correo y el pescado estaban a punto de llegar. Durante todo el día Ferreras se dedicaba sin descanso a acarrear carbón para las casas, salvo en este breve paréntesis dedicado a mover cartas, paquetes, periódicos, merluzas y chicharros. Entregaba las cajas de pescado a Horacio, metía las sacas en Correos y volvía a arrancar con los periódicos y Pepín Vaquero montado en el transportín de la isocarro, rumbo a su tienda de periódicos en la plaza. Si desde la ventana yo veía el atado de periódicos de La Montaña Leonesa entre el follón de cosas variopintas de la isocarro, daba la voz de aviso a la familia y bajaba la escalera a saltos para volver a casa, muy ufano, llevando a hombros el paquete con la nueva edición del periódico. Al entrar, veía preparado en la mesa camilla al equipo responsable de la logística: dos hermanos que doblaban los periódicos, otro que extendía la goma arábiga en la parte de la cabecera, un cuarto que tenía las etiquetas ya cortadas y las colocaba sobre el pegamento y, por último, el que distribuía los periódicos etiquetados en montones: Caboalles de Arriba, Villaseca, Lumajo, San Miguel….. Había hermanos suficientes para tanta operación y en un periquete estaba el trabajo hecho. Ya solo quedaba ponerlo en circulación sin perder una sola fecha. Yo era el encargado de bajarlo a la cartería. Nada más verme con los montones de cada pueblo, a Tilo se le ponía una mueca de disgusto, porque aquel día acabaría el reparto un poco más tarde. Se le trasparentaba el pensamiento: “Ya está aquí otra vez el niño con el periodiquito”. Yo dejaba los periódicos encima de su mesa sin darle tiempo a decir nada y me escabullía rapidamente. Ya podía dedicarme a leer con fruición lo que se decía en sus 12 páginas que aún olían a tinta fresca. Visto con ojos de hoy, tengo que admitir que eran contenidos más bien simples, pero entonces todo me parecía ingenioso y lo leía de cabo a rabo. La subsistencia del periódico requería un soporte económico que no se alcanzaba a cubrir con las suscripciones, por lo que se recababa de empresas y comerciantes un aporte dinerario a cambio de publicidad. El precio de los anuncios iba desde las quinientas pesetas por la media página de La Minero Siderúrgica, a las veinticinco pesetas del más pequeño. Hubo una época en que yo fui el encargado de cobrar los recibos por los pueblos, a lomos de la bicicleta de Correos. Para cobrar el de La Minero Siderúrgica hacía un viaje ex profeso y volvía raudo a casa, con el corazón saliéndoseme del pecho, intranquilo por llevar aquel inmenso billete de quinientas pesetas en el bolsillo. Enseguida comenzábamos un nuevo ciclo. Mientras mi padre escribía alguna de sus colaboraciones, mis hermanos y yo dedicábamos ratos a escribir a máquina las etiquetas con la dirección de los suscriptores. También había que preparar el pegamento para las etiquetas, disolviendo en agua pelotitas de goma arábiga que comprábamos en la droguería. Con todo preparado, ya solo quedaba esperar la llegada de la siguiente edición para volver a tener la sensación de que, aunque fuera en tareas tan rutinarias como las descritas, éramos importantes para que aquella muestra cultural, que nos llenaba de orgullo, llegara a las manos de sus lectores. Parafraseando a García Márquez, se podría decir que para mi familia La Montaña Leonesa había que “vivirla para leerla”. En 2009, Teresa Vaquero me regaló gentilmente dos originales de La Montaña Leonesa y poco me faltó para soltar unos lagrimones. Gracias, Teresa. En 2011, mi padre mandó a su Duendecillo Hablador a decirme que había oído, no sabía dónde, que alguien hablaba de reimprimir La Montaña Leonesa. Gracias, Marcelino.

En el post Periódico La Montaña Leonesa, puede verse la reproducción de algunos ejemplares.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda)

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s