A nateras y quesos (aterrizaje forzoso)

Típica casa omañesa

La casa típica en Omaña solía ser de dos plantas, con tejado de paja o teja y en algunos casos de losa. La planta de arriba era la vivienda que solía tener una galería, generalmente de madera. Además del calor que aportaba la lumbre que se solía hacer sobre unas trébedes en el suelo, se aprovechaba el calor de los animales estabulados en la planta baja. Delante de la cuadra solía amontonarse el estiércol que producían los animales. El pajar solía estar en la parte de atrás.

Para aprovechar el fresco de la noche y que la leche no se estropease, en la galería se instalaban unas fresqueras dotadas de tela metálica donde se colocaban las nateras de barro con la leche. También se ponían allí los quesos para que se curasen y cualquier otro alimento perecedero.

Como la necesidad era mucha y la diversión en el pueblo poca, las fresqueras eran objeto habitual de las incursiones nocturnas de los mozos, que se pegaban sus buenos atracones de leche fresca y queso, además del jolgorio posterior que proporcionaba comentar los lances ocurridos.

En vacaciones, en casa de mis abuelos de Sosas del Cumbral (Sosas) se juntaban cuatro mozos que eran habituales de estas razias nocturnas. En una ocasión en que a mi tío Aecio (el post Tío Aecio está dedicado a él) se le acababa el permiso y tenía que volver para Asturias, donde pasaba muchas estrecheces dedicado a la enseñanza altruista a muchachos asturianos, se le ocurrió convencer a tío Baldomino y tío Emilio para que le acompañaran a robar unos quesos y poder llevárselos para distraer el hambre.

Decidieron ir aquella noche a casa del tío Francisco y de la tía María que tenían en la galería del piso de arriba unas fresqueras con varios quesos secándose al relente. Pusieron una escalera de mano apoyada en la baranda de la galería y el tío Emilio se ofreció a subir, mientras Aecio y Baldomino sujetaban las escaleras.

Emilio había cogido ya tres quesos que les había lanzado a los de abajo. Cuando cogió el cuarto, que debía estar un poco tierno, se le resbaló de las manos y cayó hacia el interior de la galería, con tan mala fortuna que golpeó un caldero de hierro que allí había, produciendo el correspondiente ruido. La tía María, que tenía un sueño muy ligero, se despertó al oír el alboroto y le dijo al marido

Pei (parece) que andan a queisos. Levántate y mira a ver qué pasa.

El tío Francisco se levantó medio dormido y aturullado, resbaló al pisar el queso y se dio una buena costalada, exclamando extrañado

Cheichu, ¿a you que pisei? (¿y yo que pisé?). ¡Un queiso¡ – todo furioso se asomó a la baranda y les gritó – ¡Desgraciaos, muertos de hambre, si tenéis hambre, comei mierda!.

Baldomino y Aecio salieron zumbando con los quesos y dejaron a Emilio cogido a la escalera que se bamboleaba tan peligrosamente que decidió saltar al corral. Con tan mala suerte que cayó cuan largo era en el estercolero que estaba debajo, pero no se atrevió a moverse. Y allí, bien untado de mierda, Emilio le contestaba por lo bajini al tío Francisco

Lo que es you, farteime (me harté) bien de mierda – pero siguió allí sin moverse, hasta que el tío Francisco se fue a dormir al cabo de un rato de no oír más ruidos.

Esta historía nos la contaba con gran regocijo a los sobrinos el tío Aecio una y otra vez. Lo que nunca nos aclaró es si Emilio cayó en el esterquero de espaldas o de morros, aunque tuvo la suficiente sangre fría para no moverse de encima del estiércol, que sabía que no mataba por su experiencia de años de palear los excrementos de la cuadra al estercolero. Solo era necesario lavarse un poco en el río antes de meterse en la cama.

En mi época en Vegarienza, se hablaba de la traidición de ir a nateras que ya eran escasas y estaban a buen recaudo, por lo que solo nos quedaba el recurso de ir a las manzanas del señor maestro o a las de Nela. Más aburrido, pero no requería darse un chapuzón en el río a altas horas de la noche.

Fresquera, tazón, natera, mazadora.

Fresquera, tazón, natera, mazadora.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

Imágenes tomadas de: pueblos-españa.org, todocolección.net, larecolusademar.com

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

2 pensamientos en “A nateras y quesos (aterrizaje forzoso)

  1. Que nítido todo. La lengua del lugar y del momento es un gran punto que da cuerpo al relato y lo hace mas “atrapador”. Nosotros cuando íbamos a casa de la abuela seguimos la tradición pero ella hubiera dicho que “Pei que andan a sugus”.

  2. Me he sonreído con el relato y me he reído con el enclavamiento del “tío Emilio” en el abono, pobre, que rato mas malo tuvo que pasar, un saludo.

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