La nogal de Recaredo (cobijando la melancolía)

La nogal de Recaredo sobresale tras el tejado del Hotel Arias. Fotografía de Piti.

La nogal de Recaredo sobresale tras el tejado del Hotel Arias. Fotografía de Piti.

Cuando recordé a Serapio (ver “Serapio el ferretero“) despachando en la ferretería que estaba al lado de la nogal de Recaredo, varios comentarios pusieron en duda que Serapio trabajara allí. Uno de los comentarios se refería  al árbol como “su nogal preferida“, que yo había olvidado a pesar de ser la más espectacular que he conocido. Recuerdo mi extrañeza cuando oí que en Villablino aquel impresionante árbol tenía género femenino pues en Omaña, solo treinta kilómetros al sureste, las nueces provenían de un nogal masculino. La nogal ocupaba todo el espacio entre el hotel Arias y la ferretería de Recaredo haciendo bueno el dicho “a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija“, como acreditaban los numerosos hombres que en el mediodía del domingo se sentaban en el murete de lo que había sido la huerta de Recaredo a la fresca sombra de la nogal. Con el palillo del aperitivo que habían tomado con el último vermut aún entre los dientes, mataban el tiempo con esa charla perezosa que favorece tanto libamiento matinal mientras observaban al personal vestido de domingo que transitaba por la carretera que también era avenida principal. La nogal cobijaba un espacio propicio al alterne y la socialización, a lo que sin duda contribuía ser el único rellano de la plaza de pueblo más desnivelada que conozco. Enfrente a la nogal, en el espacio que había entre el Ayuntamiento y el camino del cine viejo, estaba la oficina de un banco y el bazar de Esther, compañera de los primeros cursos en la Academia Carrasconte. Delante de la fachada de estos locales había una acera bastante ancha que en la tarde noche de los días de verano se convertía en punto de reunión de la gente joven. Las chicas sentadas en sendos bancos de piedra adosados a la pared y los chicos de pie sobre la acera conversaban, fanfarroneaban y se exhibían en aquella especie de tontódromo de vanidades. Con la carretera por medio y sentados en el murete bajo la nogal los chavales de la siguiente hornada, cuatro o cinco años más jóvenes, observábamos con envidia la escena preguntándonos cuando llegaría nuestro turno de galanteo. Esta actitud contemplativa era frustrante e inevitablemente conducía a la melancolía, con lo que al rato desistíamos y buscábamos alguna ocupación a nuestro alcance con la que resarcirnos de aquella situación que sentíamos dolorosamente injusta. Una anochecida en que estábamos en la misma actitud de observación envidiosa y ya invadidos por el desánimo vital, reparamos en una motocicleta Mobylette a pedales aparcada en la esquina de El Arias. En “Villablino, territorio comanche” hablo del especial atractivo que las motos ejercían en Juanjoel Policía” y que consiguió transmitirme en nuestras correrías conjuntas. Hoy encuentro insensato lo que hicimos pero lo cierto es que aquel día la tentación de montar en la Mobylette fue irresistible para auto afirmarnos, inmersos en aquella sensación desasosegante de no ser suficientemente mayores. Las chicas no estaban a nuestro alcance, pero allí teníamos a mano la moto. Cogimos la Mobylette y nos metimos en el camino de tierra que iba hacia el cine viejo, cruzado cada poco por pequeños arroyos formados por la lluvia. Arrancamos la moto y empezamos a hacer trayectos hasta el cine por turnos, descubriendo que la moto corría poco más que una bicicleta lo que no resultaba demasiado emocionante. Cuando yo montaba para cumplir mi turno, Juanjo me dijo “Creo que con el faro apagado correría más, pues así no le quita fuerza la luz”. A mí que entonces no sabía de dónde sacaba la luz una moto, me pareció adecuada la sugerencia y cuando arranqué apagué el faro. Llegué hasta el cine donde di la vuelta con mil ojos para ver por dónde iba y convencido de que efectivamente la moto corría más, hasta que metí la rueda delantera en uno de los arroyos que cruzaban el camino y salte por encima del manillar. Sin preocuparme de echar saliva en las rozaduras de rodillas y codos, me acerqué a la moto cuya rueda trasera seguía girando viendo con angustia que se había roto el cristal del faro. Todo magullado y asustado por las consecuencias que podía tener aquello, levanté la moto y con los cristales en la mano me acerqué empujándola hasta donde estaba el “Polisia“. Juanjo tenía mucha sangre fría y sugirió que dejáramos la moto donde la habíamos encontrado, pero caída en el suelo y con los cristales al lado para que el dueño sacara sus conclusiones. Dicho y hecho. Abandonamos el observatorio generacional a toda prisa y el estropicio debió parecer consecuencia de un empujón fortuito, pues volvimos a ver circular la moto con el faro como nuevo sin oír ningún comentario alusivo a una gamberrada. Aún no me explico cómo en un espacio tan concurrido como eran los aledaños de la nogal, no nos vio alguien coger o dejar la moto. Creo que es momento de pedir disculpas por aquella fechoría al tiempo que admitir que la frustración es mala consejera. Cuando pocos años más tarde yo estaba al otro lado de la calle tonteando con las chicas, de vez en cuando surgía en mi mente la gamberrada de la moto como ese cadáver que dicen que todos tenemos en nuestro armario. Está claro que la prisa por matar al padre solo causa frustración y casi siempre produce daños aunque solo sean colaterales. En vez de atravesar la calle y tomar la acera, la melancolía nos llevó a poseer la Mobylette.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

Imagen tomada de: lacianababia.blogspot.com
EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

10 pensamientos en “La nogal de Recaredo (cobijando la melancolía)

  1. Empiezas hablando del nogal y terminas narrando la travesura de la Mobylette. No se, esta bien escrito y la transición no es brusca pero a un critico como a mi que no solo ha de fijarse en las partes sino en el todo, se nos hace difícil no ver esta dispersión que insisto, aunque estén muy bien escritas las dos no tienen nada que ver la una con la otra y tu las unes sin venir a cuento.

    • La nogal es el espacio donde se escenifica como los más jóvenes veíamos con envidia la desenvoltura de los mayores con las chicas, como cuando se contempla un pastel de merengue con las narices pegadas al cristal de la pastelería. La Mobylette es la pedrada al escaparate, una anécdota difícil de explicar.

  2. Si, ya lo entiendo pero son como dos historias diferentes pegadas sin solucion de continuidad.. Podias haber contado la historia del polisia y el laberinto con la misma conviccion.

  3. Tienes en David a tu mejor crítico;algo duro a veces, pero siempre amable, como no podía ser de otra forma.
    He estado esperando algun tiempo, por ver si salen mas comentarios. Ya voy a tener que creer “que solo un 5% de mayores
    de 65 años estamos en internet”. En cualquier caso, el tema es tan afectivo que yo me resisto simplemente a leer y quedarme en el anonimato.
    ” La nogal de Recaredo”. Todo un símbolo para nuestra generación. ¡Cuántos ratos pasados bajo ella, “vareándola” con “trochos” para que soltara sus frutos. Alguna vez, alguno se marchó con un buen chichón al caerle el palo o trocho encima.
    ¿ Por qué decíamos la nogal?. Como casi todas las plantas, el nogal es hermafrodita( tiene flores de ambos sexos, es decir, tiene flores masculinas y femeninas, pero en la misma planta.
    Recuerdo el murete que cerraba la huerta y el espacio que creaba el retranqueo e la casa donde estaba la tienda de Ester
    y el banco Hispano Americano, con respecto a la carretera.
    No recuerdo haber visto la mobylette, pero algo parecido tenía un electricista de Villablino llamado santiago, pero que todos apodaban “ciegaliebres”, ¿te acuerdas?. Yo creo que el apodo, salvo mejor opinión, venía de que llevaba una gafas e cristales muy gruesos……
    No me extraña nada que te dieras el tortazo, por que el camino estaba impracticable; suerte que no te fuiste hacia el lado de la carrtera, por algun terraplen.
    Si hago demasiado largo el comentario, me corriges.

    • David es la cuña de la propia madera, que ya sabes lo que sucede, aunque creo no le falta ojo clínico. Todos los comentarios son bienvenidos pues enriquecen el post a que se refieren. Tu en el ranking ocupas después de David el segundo lugar como seguidor más activo, lo que te agradezco.
      De ciega liebres tengo un vano recuerdo y puedo asegurar que la Mobylette no era suya, era de un par de pueblos más allá.
      Un abrazo.

  4. B uaaaaaaaaaaaaaaaaaa; he deslizado un error imperdonable: El nogal es una árbol UNISEXUAL, que quiere decir que sus flores( femenina y masculina) estan separadas, PERO EN LA MISMA PLANTA.Pero no hay nogales masculina y femeninas.

    • Gregorio hay mucha confusión sexual ultimamente, como para internarse en terrenos complicados como el sexo de las ángeles o de los árboles. Pero no te preocupes que nos ha quedado claro que el nogal/la nogal es autosuficiente y, lo mejor de todo, sin pecar.

  5. Tenemos en La Majúa dos nogales, que sin ser como el nogalón de la Plaza, también dan buena sombra. Allí os esperamos este verano.

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