Jirones XVIII. 1963-64 quinto curso en el Instituto Laboral – Verano

Autor: FEDE GARCÍA 27 de Noviembre del 2016

En el círculo la casa a la que se refiere el autor.

Barrio de Colominas de Villablino. En el círculo la casa a la que se refiere el autor.

… Otro verano incierto transcurría, lleno de premoniciones extrañas tras los exámenes finales de 5º curso y la inoportuna  Reválida de quinto. Unas pruebas bastantes duras para unos adolescentes que ya vestían pantalón largo y se adornaban la cara con el vello natural pubertario a expensas de la niñez consumida… La libertad de disponer de un verano ansiado rompía las expectativas de cada compa de curso y del Insti. Cada cual son sus ensoñaciones  propias, planes hilvanados en la esperanza de que estas vacaciones debieran de ser muy especiales.

Al menos, para FEDE: eran todo un misterio. Acabado el curso y la Reválida de QUINTO, fue necesario que comenzara a trabajar de “Guaje de Botijo”, con una grupo de canteros gallegos que ponían las bases de una casa a levantar desde los cimientos, en el camino entre Las Colominas y las chabolas de los cuchos, incluyendo paredes de piedra con esquineras escuadradas a base de cincel y porra.

Las funciones de FEDE, eran las de estar pendiente de que no faltara agua fresca y vino en bota de las de beber a caño, durante un mes. Las bromas y novatadas fueron  las normales del tiempo: ¡Rubio! Acércame el saco de cemento-portland enyesado: rápido, que fragua la masa. ¡Rubio! Acércame el nivel de agua, pero solo el que es de madera. Como es lógico, no había nivel de agua de madera, porque  se trataba de una simple goma de regar de cierta longitud, y el Guaje del Agua y Bota, no acertaba a satisfacer semejantes órdenes.

Una práctica cotidiana de aprendizaje directo, era la de ayudar a lanzar los ladrillos a los albañiles a la altura del primer piso. La práctica era elemental: FEDE, sube al tablón, y recoge al vuelo los ladrillos que te lance de uno en uno. FEDE, había visto con que habilidad lo hacían los demás. Desde el suelo, los lanzaban al vuelo, y en el piso primero, los recogían uno o dos albañiles de manera alternativa con mucha rapidez, dado que la obra se había contratado a DESTAJO.

Los ladrillos habían sido depositados por un camión Pegaso con volquete, que con un estruendo notable se desmoronaban entre una polvareda irrespirable que desaparecía despacio entre las toses y los salivazos teñidos de amarillo-rojo de casi todos, incluido el Guaje Aguador.

No había tregua alguna. Sin disiparse del todo la neblina amarillenta, los ladrillos tenían que ser colocados en los tablones del piso superior, y entre bromas y ánimos perversos, me indicaron, preguntando: ¿FEDE? ¿Serás capaz de subir y recoger, también, los ladrillos al vuelo…? Tuve que subir,  no sin cierto pudor y temor: Resultado: El primer ladrillo recibido se escurrió entre mis manos y fue a parar a la cara, con poca fuerza, porque quien lo lanzó, sabía que de haberlo lanzado con la fuerza normal el ladrillo me habría dañado de modo irreparable.  Tras el grito oportuno, me bajaron del andamio y me asistieron sin botiquín de urgencia – porque no disponían del mismo – Me lavaron la cara con agua fresca y me dieron un pañuelo limpio de los de bolsillo humedecido. Pañuelos de cuadros azules, verdes y blancos, que servían, entre otras cosas, para ponérselos en la cabeza, anudados por las cuatro esquinas, a modo de casco de seguridad improvisado frente al calor o la lluvia. 

Sentado en los tablones amontonados en la obra, y viendo los Canteros la cara de angustia que el incidente/accidente, había provocado en FEDE la invitación a la práctica de recoge-ladrillos-al vuelo, me enviaron a casa, con permiso para no venir a la tarde.

Al día siguiente, ya sin pañuelo-protector, volví a la obra de los Canteros Gallegos, con la boca hinchada y lo moral por los suelos. Los mismos albañiles que me habían incitado a la prueba de “ladrillo-al- aire”, quizá avergonzados, me enseñaron la técnica de cómo lograr que el ladrillo al aire, no acabara rompiéndote la cara o los dientes.  El misterio estaba en recoger el ladrillo, cuando inicia la caída al haber perdido ya la fuerza de subida.  Nunca he olvidado la técnica de recoger al aire, cualquier paquete, ladrillo u otro objeto. Los Canteros Gallegos, tenían razón.

Las funciones de “FEDE” incluían tener los bidones de agua para las masas de azada y pala, siempre llenos. Cubeta a cubeta, había que recoger el agua de una manguera corta, que no llegaba a los bidones,  perdiendo por el camino parte de la misma, por los equilibrios que debía de hacer al sortear un tablón tembloroso, que salvaba una zanja entre la obra y la manguera en cuestión. Todo ello, antes de las diez de la mañana, hora del bocadillo. Habitualmente, la parada era de 15 minutos/media hora, durante la cual, todos sentados en el tablón de la merienda, desenvolvían bocadillos de tortilla enormes, envueltos en varias páginas de periódico arrugadas y adornadas con grandes manchones de grasa; abrían las tarteras; y ponían sobre el tablón-mesa, trozos de cecina, queso y chorizo de matanza curado, que se repartían navaja en mano para cortes crudos. La bota de vino al caño, era socializada sin contemplación alguna, con prohibición expresa de beber a beso. FEDE: tuvo que aprender a beber a caño/chorro, tras varios intentos previos con “atragantamiento” incluido, entre las risas de los expertos en beber sin respirar y no atragantarse…

Esta experiencia de trabajo en vacaciones, finalizó al mes. Me pagaron  un jornal de dos duros al día, sin domingos. Fue el primer aporte de FEDE a la familia de Pedrosa “El Barrenista” e Isabel “La Andaluza”. 

El siguiente mes de Agosto – solo quince días – me enviaron de vacaciones  a AVILES, en Asturias, donde residía un tío-paterno, que trabajaba en ENSIDESA. En Avilés, nuevas amistades; las playas en Candás, las fiestas de gaita y culines de Sidra en los Chigres siempre animados con paisanos de boina calada, fabla rápida, tacos expresos y porte indiscutible.

Para el 15 de Agosto, volví para las FIESTAS DE SAN  ROQUE. Fiestas que ya se hacían en el patio del Colegio de las Niñas. Fiestas de varios días, que atraían a gran número de Lacianiegos. Las atracciones de siempre: La pista de Autos de Choque , los Tío-Vivos, que con sus asientos de cadenas volantes, lanzaban a los aires a los niños y niñas, que habían podido pagar el viaje. Las Tómbolas de lotería, que siempre “Tocaba”, jugaras lo que jugaras, repletas de regalos fantásticos que jamás se terminaban. Las Barracas de tiro de carabina de balines, que a precio de saldo, te animaban a ser el más diestro en abatir muñequitos de chapa en movimiento continuo y cuyo premio, podías elegir entre opciones muy limitadas. Sí, merecía la pena, alguna mañana ir con los padres, porque se ponían mesas con tapas de pulpo y jarra de vino y pan, que no estaban al alcance de todos, pero cuyo aroma aún está grabado en el disco duro de la memoria de Fede “El Rubiajo”.

A las tarde-noches: Fiesta con Orquesta/Banda de profesionales, que en el más puro directo, atacaban temas, incluso de Jazz, que al menos, en Fede, dejaron un rastro indeleble, al oír por primera vez, “EN FORMA” un conocidísimo tema instrumental de Glen Miller.

Aún hoy, algunos años más tarde, están grabadas esas imágenes de modo imborrable, que toman forma cuando en decenas de ocasiones he tenido la ocasión de re-escuchar, dicho tema.

Imagen tomada de: lacianababia.blogspot.com.es

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3 pensamientos en “Jirones XVIII. 1963-64 quinto curso en el Instituto Laboral – Verano

  1. No sé si FEDE me recordará, soy de Sosas y uno de sus compañeros de curso en el Insti. Te recuerdo como compañero, con aquella cazadora de pana negra, entre otras prendas, y en pantalón corto, y también vestido de “ayudante albañil” aquel verano de fin de bachillerato.

    • Por correo, Fede, ha contestado a Octavio:
      “Hola, para Octavio.C. Como no voy a recordarlo. Alto, espigado, delgado, moreno y hablador. Fue un buen compa. No pasará mucho tiempo, sin que haga un viaje relámpago a SOSAS y VILLABLINO, y – sin devolver a la actualidad el tiempo ido – saludar, charlar y recordar las buenas vivencias que nos han marcado de por vida. Un abrazo, un saludo y un ¡Nos hemos de ver!”

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