Una imagen, mil recuerdos (de oficio, mirones)

Un parador nacional en Villablino?

Esta imagen que yo recordaba como telón de fondo del Campo Municipal de Villablino, la encontré en el blog Nostalgiayeso que hablaba que estaba al borde del derribo porque no llegaban los dineros prometidos que lo convertirían en parador nacional. Yo lo conocí durante su construcción y vi como permanecía cerrado durante años con un aspecto rutilante, a estrenar, y su sillería de granito sugería que duraría por generaciones. Me parecía un edificio majestuoso que quizá no tuviera la ranciedumbre de otros paradores instalados en castillos medievales o monasterios, pero creo que tenía empaque suficiente para albergar un pequeño parador de montaña desde el que disfrutar la “chepa” del Cuetonidio y el valle del Sil.

Durante años la única utilidad conocida fue la instalación en sus soportales de un chigre durante las fiestas de San Roque. Cada poco oíamos que allí se trasladaría la Academia Carrasconte desde la carretera de Rioscuro y los alumnos carrascontinos nos imaginábamos lo que sería aquel inmenso patio de recreo, acostumbrados a jugar en la misma carretera a Rioscuro o en el prado en cuesta que había entre la carretera y el camino al barrio de Colominas. Imaginábamos clases grandes y bien calefactadas que nos hicieran olvidar los fríos del aula “la nevera” y en número suficiente como para no tener que compartir aula con otro curso como hacíamos habitualmente. Y seguro que tendría varios váteres donde no sería necesario amontonarse a la salida al recreo en aquellas meadas colectivas en el único retrete que teníamos, de las que salíamos con los zapatos y la bajera de los pantalones salpicados. Pero por más que se hablaba de ello, el anhelado traslado nunca sucedía y nunca oí razón alguna que desaconsejaran convertir aquel espacio en patio de recreo. Quizá alguno pensó que mientras el toro Sultán necesitara paseos relajantes entre monta y monta de las vacas, novias a la fuerza que le traían a diario a su picadero del Campo Municipal y que llevaban al límite sus capacidades de semental, no convenía que los escolares fueran testigos de tan escabrosos encuentros, contradictorios con la abstinencia sobre el imaginar y obrar que nos inculcaba a machamartillo don Gildo. Quizá también influyó valorar que si coincidía nuestro recreo con la llegada de los alumnos del Instituto Laboral que, enfundados en sus monos de mahón azul realizaban las prácticas de carpintería en los talleres que había en un costado del campo, pudiera surgir algún conflicto pues era sabido que a ellos les atraían “nuestra chicas“. Demasiada tensión sexual para un patio de colegio que debió inclinar el ánimo de los próceres hacia la prudencia y el mandato que asumían de velar por las buenas costumbres.

También pudo ser que fuera incompatible el recreo de un par de cientos de escolares con los múltiples usos a que se destinaba aquel espacio que todos conocíamos como Campo Municipal. Al ver la fotografía se han disparado infinidad de recuerdos de lo que allí vi y pasé. Vivíamos a una manzana del Campo Municipal y solía acercarme a diario en busca de entretenimiento, pues siempre había chavales que habían hecho novillos o que simplemente no iban a clase ni trabajaban, dispuestos a echar una partida al irio o jugar al fútbol (ver El Campo Municipal). Siempre había allí gente desocupada esperando que sucediera algo y contribuir con su presencia a realzar el suceso que luego trasladarían al resto de la comunidad en calidad de testigos. Era una época en que mirar lo que sucedía alrededor era el principal entretenimiento de todos nosotros. No había televisión que nos sujetara en casa y la calle era el lugar donde sucedían las cosas. Allí estábamos los mirones para contarlo.

Cuando llegué a Villablino en 1954, el Campo Municipal acogía en otoño la feria de ganado, con los animales atados a los cables de acero que circundaban dos de sus costados y que nos servían a los chavales para ejercitar los músculos del equilibrio. Allí se aposentaron todos los circos que recuerdo pasaron por Villablino, cuyo espectáculo para los mirones empezaba mucho antes que los payasos salieran a actuar y que durante un par de días nos reunía a todos los curiosos para ver como elevaban la carpa, un espectáculo que nos parecía incluso más interesante que lo que luego sucedería en la pista. Nada más terminar la última sesión comenzaban el desmontaje y a la mañana siguiente los mirones que acudíamos a ver la maniobra nos encontrábamos que no había nada que mirar, salvo los desperdicios que daban fe de que allí habían convivido espectadores, payasos y animales más o menos fieros. La frustración por no tener nada que observar la combatíamos afanándonos en emular sobre los cables las piruetas que habíamos visto a los equilibristas. Cuando empezaron a ser habituales los coches y motos en las calles de Laciana, allí se hacían los exámenes de conducir y todos los desocupados del pueblo observábamos el nerviosismo de los candidatos a motorista, haciendo comentarios en voz alta sobre los ejercicios que hacían bajo la mirada atenta del examinador, y exteriorizando nuestra alegría si el ejecutante lo hacía bien y era amigo o choteándonos de cada incidente que protagonizaban aquellos examinandos de los que no éramos tan partidarios.

En las fiestas de San Roque el Campo Municipal se convertía en el centro del pueblo y se llenaba de casetas de tiro, tómbolas, atracciones y una vistosa orquesta tocaba sobre una tarima instalada según se entraba a la derecha. Allí pasamos las vergüenzas de los primeros bailes y tras las afrentosas calabazas de las chicas, solíamos dar reposo al espíritu contemplando la actuación de los músicos y del vocalista que intentaba fascinarnos con su voz y aires de galán de cine moviendo seductoramente las maracas. No había otro momento del año para disfrutar la música en vivo y los mirones aprovechábamos la ocasión.

En el mismo lugar donde la orquesta nos había inducido a mucho mirar y poco bailar, solía instalarse una pista de coches de choque con los altavoces a tal volumen que impedía oír lo que te decía el que tenías al lado, repitiendo machaconamente la canción “Oberena, es la peña de más alegría, la que no tiene rival….”, seguramente con intenciones anestesiantes. No sé si los dueños eran navarros o habían llegado a la conclusión de que aquel himno combinado con el efecto alucinógeno del chisporroteo que los coches provocaban en la malla metálica del techo, sumado a los gritos de las chicas, mezcla de excitación y agobio por el incesante entrechocar de los otros autos contra el suyo, provocaba en todos los mirones que circundábamos la pista la necesidad imperiosa de comprar otra ficha y demostrar que eras el mejor persiguiendo a las chicas con tu bólido. Aunque casi siempre era mucho mirar y poco perseguir chicas, allí dejé una buena parte de lo que ganaba como cobrador de anuncios de publicidad del periódico La Montaña Leonesa. El himno sanferminero me tenía clavado durante horas a la plataforma que circundaba la pista, contando al tacto las monedas que me quedaban en el bolsillo y manteniendo una lucha a muerte contra la pulsión que me pedía subirme a uno de aquellos trastos acosadores. Solo dejaba de ir por allí cuando en la lata de cigarrillos King Edward que me servía de hucha ya no quedaban caudales, pero aún así el himno sanferminero me perseguía inclemente hasta donde estuviera, al modo incitante de la musiquita con que las máquinas tragaperras recuerdan su vicio a los ludópatas.

Podría seguir contando otros muchos recuerdos que me asaltan, pero seguro repetiré cosas de las que ya he escrito y no quiero aburrir. El hoy desastrado edificio era testigo mudo e inútil del ocio de tanto mirón desocupado o cómo jugábamos al irio y al hinque. Es una paradoja que la antigua academia Carrasconte haya sido remozada y tenga una tercera vida (antes que academia fue cuartel de la Guardia Civil) como residencia de mayores y este edificio que siempre me pareció sólido y duradero se vea en la foto desastrado y algo inclinado hacia la derecha como si hubieran cedido los cimientos. Dicen que está al borde de ser derruido. Al ver la fotografía he tenido la misma sensación que cuando en el espejo me veo cascajoso y desnivelado. Haciendo de tripas corazón, me consuelo pensando que si sólidos edificios de granito se ven así con poco más de cincuenta años, no debería exigirles demasiado a mis propios huesos.

Imagen tomada de: nostalgiayeso.com

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

10 pensamientos en “Una imagen, mil recuerdos (de oficio, mirones)

  1. Emilio, largo tiempo ha pasado sin poder disfrutar de tus lembranzas, me alegro de reencontrarte. El edificio de las escuelas, lamentablemente, ya no existe. Fue derruido hace unos 10 años cuando Zapatero nos iba a edificar en su lugar un parador de turismo. La sillería de granito ha desaparecido, ni se sabe donde estará. Todo el terreno del campo ha estado vallado para que nadie entrase, ahora vuelve a estar abierto, al menos este verano, como aparcamiento. En resumen, una pena.
    Cordiales saludos.

  2. Con el derribo del edificio ganamos un erial, la promesa fué un engaño y perdimos un edificio que con los 240.000€ que costó su derribo se podia reabilitar e instalar en el mismo el A yuntamiento, con buena zona para aparcar e instalar la policia local en una parte del mismo., en la actualidad está en el sotano, como jugando al escondite. Algunos vecinos entre los que me cuento regimos firmas contra el derribo y despertamos una lluvia de carcajadas en el gobierno local. En cualquier caso perdona mi mal estar manifestado en este comentario. Saludos

    • Higinio, Juan, David, José, Lobezno, por vuestros comentarios veo que el edificio que yo mencionaba en el post ya no existe y que su derribo se ha hecho de forma desleal con los compromisos previos. Cuando están de por medio los políticos nunca se es lo suficientemente desconfiados: casi siempre nos la meten doblada.
      Espero que llegue a buen término la reclamación en curso.
      Saludos y siento lo sucedido con este monumento a la inutilidad.

  3. Lamentablemente el edificio no existe, los mismos que hoy piden una indemnización (a todos los españoles) por el derribo son los que formaban parte del gobierno municipal y nacional cuando tomaron la decisión de derribarlo. El parador sirvió, sirve y servirá para practicar la demagogia barata. Hoy es un solar, vacío, triste, que refleja fielmente la situación del Valle.

    • Cuetonidio, bonito alias. No era mi intención, pero veo que el edificio del Campo Municipal de Villablino que tanto recordaba yo, murió a consecuencia del trapicheo político que no se detiene ante nada y que poco a poco lo va desmontando todo. Y, en medio, nosotros creyéndonos durante un tiempo las cosas que nos cuentan, para, al final, darnos cuenta que otra vez nos han tomado el pelo. Lo siento.

  4. Hola Emilio:
    Todos esos recuerdos evocados en tu relato reviven en mi memoria como si hubiesen sucedido ayer. Recuerdo que un par de años tuvimos como profesor de EF a D Leandro, que también lo era del Instituto y nos llevaba, algunas veces, al gimnasio y otras al campo de las escuelas. Allí vi por primera vez un potro, un plinto, una colchoneta… Los alumnos del C Carrasconte ignorábamos que existiesen tales artefactos.
    En cuanto al acoso y derribo de las escuelas no sé si se habló alguna vez de su rehabilitación para convertirlas en parador, yo lo que oí fue que las iban a derribar para construir en su solar un parador de nuevo cuño. Me pareció una idea un tanto peregrina, pero muchas de ellas, en manos de políticos, se convirtieron en… aeropuertos (Ciudad Real, Castellón, Lérida…), autopistas (R3, R4…) y un sinfín de obras faraónicas que pululan por el solar patrio con escasa utilidad.
    En la actualidad se habla de la construcción, en el lavadero del Sil, de un complejo acuático. No sé si llevará cabo, pero me parece mucha inversión para tan poco verano. ¡Ojalá me equivoque!
    Un saludo.

    • Hola, Eulogio. Sean paradores, aeropuertos o complejos acuáticos, el proceso siempre es el mismo. Se los sacan de la chistera cuando piden el voto, soban y manosean su importancia para la zona y, al final, todo queda en una mentira o en uso indebido del dinero. No aprendemos. Saludos.

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