Jirones XXIII. 1964/65 Sexto Curso – Bachiller Laboral Superior. Segunda parte. Los gochos de Colominas

Autor: FEDE GARCÍA 30 de Abril de 2020

Libros de texto y cuadernos del autor.

Libros de texto y cuadernos del autor.

…Diciembre 1964/Junio 1965: De nuevo el más puro invierno. De nuevo, otro invierno vestido de blanco, entre el frío agudo de las tardes/noches en Las Colominas. Los tejados de pizarra almohadillados, todos, de espuma blanca, con largos hilachones colgando de los aleros en forma de estalactitas que amenazaban con desprenderse en cuanto la mañana espabilaba…

Los cristales de las ventanas de la vivienda, siempre amanecían escarchados por el interior. En ocasiones, hasta una tercera parte de los mismos, y también, con parte de las cortinas interiores cosidas a los cristales con la escarcha. Al menos, los testigos mudos del momento, Fede, Isa, Luli y Monchi, es lo que podíamos certificar con las más absoluta convicción, en un ambiente caldeado a medias por la chapa de la cocina de carbón en la cocina-comedor, del número 42, piso 2º-derecha, de Las Colominas.

Isabel, nuestra madre, siempre nos reñía, porque no quería que se rompieran las cortinas al intentar despegarlas. Había que esperar a que la escarcha se desprendiera de modo natural.

La norma de siempre era el frío. La excepción: algún día que otro despejado y con Sol a la baja. Amanecía, poco a poco, sobre las ocho de la mañana y para las cinco o las seis de la tarde, oscurecía.

Fede, y alguna de sus hermanas habían subido hasta la carretera de Rioscuro, a comprar, algún mandado de última hora, a la tienda de hilos, corchetes, agujas de coser, aceite de engrase de la máquina “ALFA”, botones, ovillos de lanas de cualquier color. Sus dueñas – dos hermanas – que vivían en el primer piso del edificio, nos parecían muy mayores. Siempre iban peinadas con el pelo canoso hacia atrás, muy recogido. Eran muy amables, y casi siempre nos regalaban algún caramelo, de los de sabor a naranja, o limón.

En el escaparate, había postales relucientes, y adornos brillantes – era Navidad – Nunca pudimos comprar una postal de las que brillaban con la luz. Volvíamos un poco frustrados, diciéndonos, que otra vez será. Volvíamos marrullando, poco a poco, ¿cómo podríamos juntar…? perrona a perrona – de las de a 10 céntimos-, más algún real de los de agujero en el centro, la cantidad necesaria para poder hacernos la próxima vez con, al menos, una postal de las que relucían. Nunca lo pudimos conseguir…

La vuelta a casa bajando por la Cuesta del Chigre, era un ejercicio especial para deporte de invierno: se trataba de ir resbalando por la senda helada y brillante iluminada con las primeras y escasas luces del camino. Había que lanzarse a la carrera, para así deslizarnos a pié-fijo, sin perder el equilibrio, unos pocos metros cada tramo, sin malograr, ni estropear por supuesto – el mandado encomendado, casi siempre envuelto en papel de estraza y asegurado con hilo-bramante fino, más algún adorno de estrellitas pegadas al envoltorio, gentileza de la Tienda de las señoras mayores.

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1982 Samartino en Olabezar. Dolores Unanue con la sangre y la chamusquina del gocho.

1982 Samartino en Olabezar. Dolores Unanue con la sangre y la chamusquina del gocho.

…en todo caso, había pasado, a su vez el 11 de noviembre – Día de San Martín – más conocido, por el día de “Hacer el Sanmartino”. Día, especialísimo en Las Colominas, porque se llevaba a cabo la “Matanza del Gocho”, que en la mayoría de los casos era propiedad de aquellos vecinos que disponían de Chabola propia al lado del Barrio, camino del Molinón, donde los habían criado día tras día durante todo el año, siempre alimentados con las sobras de la comida común del día, más un revoltijo de mondas de patata y restos vegetales varios, hervidos – como era la costumbre – más un par de puñados de “salvao” añadido, en concepto de postre flotando en el cubo de zinc, que las mujeres casi siempre se encargaban de llevar a las mañanas a las cochineras particulares.

Los vecinos-mineros, sí visitaban las chabolas del gocho, los domingos y festivos, a fin de llevar a cabo la limpieza semanal entre bromas, y cigarros de tabaco “Cuarterón”, “Ideales”, o en los casos más exquisitos, “Celtas”, siempre con el Chisquero de piedra y mecha amarilla enrollada como una culebra, en el bolsillo de la camisa remangada, por si acaso.

En el caso de la familia de Pedrosa “El Barrenista”, era distinto. No poseía chabola, ni tan siquiera alquilada. Pero, la obligación de garantizar que la familia, no pasáramos necesidades durante todo el año, desde el segundo año de permanencia en el Barrio, la Familia “Pedrosa”, también hacía su “Sanmartino”, durante varios años. El “gocho”, era adquirido a crédito, al Carnicero de la Carretera a Rioscuro, que estaba al lado de la Academia y, naturalmente era pagado en 12 cuotas exactas y siempre en metálico. En general, salvo excepciones, era “Fede” el encargado de llevar a la carnicería el sobre cerrado con el dinero, que sólo debía de entregar al Sr. Carnicero en persona, y devolver a casa el recibo del dinero que debía corresponder a cada mes vencido y firmado – al recibí – por supuesto.

Una operación de cierto riesgo, dado que, algún o algunos guajes, podían jugar al: “Te lo quito y te lo damos… cuando queramos”, durante el recorrido del camino a la Carnicería, que generalmente correspondía a los sábados por la tarde. Algún disgusto sí hubo. Tuvo que ser “Pedrosa” el que me acompañara a casa de los Padres de los guajes del ¿Juego…? a fin de conseguir, que de manera voluntaria, devolvieran el botín incautado completo, pero… con el ¡sobre abierto…!

La sanción paterna de uno de los padres de los dos guajes por la broma, fue inmediata: el castigo consistió en ortigar las piernas por las corvas, previa sujeción por el brazo, a uno de ellos, entre otras razones, por haber sido descubiertos con el sobre en el bolsillo…,y como no, también, por la travesura llevada a cabo, porque sí, porque era un juego – Fede, siempre pensó- que sí, era un juego… nada más.

El día de la “Matanza”, siempre era un día de los que no se olvidan, y menos, si se ha vivido de niños, aunque en este caso, “Fede…” ya, con quince años y pantalón largo, y a punto de sobrevivir a una adolescencia convulsa y explosiva – sin acné – se sentía el dueño del futuro.

Los preparativos previos: Banco de apoyo, de pieza única de madera, de unos dos metros de largo y medio metro de ancho, más cuatro pies de roble encajados en ángulo, que para esta ocasión era aportado por un convecino/compañero de trabajo. Otro vecino, aportaba los felechos -bien secos, por manojos, atados por cuerda bruta de pita. Otros aportaban las rasquetas – generalmente trozos de guadaña vieja rota – para afeitar a la víctima una vez sacrificada y escaldada con agua caliente-hirviendo procedente de una caldera, que se disponía previamente a hervir en la calle.

Las cuerdas de sujeción, más el Gancho de hierro, que el Matarife utilizaba, a los efectos de sujetar al “Gocho”, una vez volteado en el banco y sujetado a fuerza bruta, por “Pedrosa” y tres o cuatro colaboradores voluntarios de musculatura probada, con colilla en la boca y boina calada.

El Matarife, solo sacaba su “cuchillo-carnicero” de una funda de cuero que llevaba a la cintura, en el momento oportuno. Sin dudar, sacrificaba al animal en apenas unos segundos, para que a la vez, un par de vecinas de las más animosas, recogieran en sendos baldes de zinc, la sangre en caliente del animal – previamente remangadas hasta el sobaco – removiendo continuamente la misma, para que no se cuajara debido al frío…

Una vez desangrado el animal se le depositaba en una cama de paja hecha en el suelo, previamente limpia de nieve o hielo, más unos haces de felechos secos, dándole fuego a todo ello, el Sr. Matarife, con el “chiscazo de honor”, que por derecho y tradición le correspondía.

La depilación de la víctima se llevaba a cabo, reponiendo al animal sobre el banco de madera curtida por mil sacrificios. Poco a poco, se iba frotando a mano la piel, derramando jarro a jarro agua hirviendo, mientras otras manos armadas con rasquetas, iban afeitando todo el cuerpo del gocho, desde el cuello hasta la cola.

Antes de esta operación, había que descalzarlo” retirándole las cuatro pezuñas de un solo estrujón. Operación que se llevaba a cabo en caliente. Lo hacía el propio Matarife: un solo estrujón hacia la derecha o izquierda y pezuña fuera.

Era costumbre dejar la última para el invitado de honor: en este caso, correspondió a Fede, que con nula destreza y una dosis de vergüenza añadida, producto de no haber logrado descalzar de un solo tirón la pezuña asignada, más una quemadura leve en la mano derecha, tuvo que ceder el honor a su padre: Pedrosa “El Barrenista”, que sí cumplió con dicho honor sin más trámite. Una mirada complaciente de amparo filial de apoyo, ratificó el apoyo. Mirada que nunca he olvidado.

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Cuadernos del autor.

Cuadernos del autor.… pasaba ya el mes de enero, la Navidad y el día de Reyes: día grande para unos niños agobiados por el sentido de culpa propia, por supuestamente, haberse portado mal durante el año anterior… siempre pensabas, que tus balances de desobediencias, travesuras y supuestas malas notas en el Cole, o en el “Insti”, iban a pasar factura, sin ninguna duda, este año.

La noche anterior: actividad frenética de Fede y sus tres hermanas. Había que dejar impecables las botas o los zapatos de domingo, a fin de ponerlos en el alféizar de la ventana por la parte exterior, en la habitación de dormir, dejando la misma un poco abierta para que ¿Alguien? depositara los regalos… en una noche, que conjuntamente habíamos decidido pasar en vela por turnos…

Las cartas de solicitud a los esperados Reyes Magos eran escritas a mano – con plumín de tinta – o, con lápiz de los de afilar a la saliva – tenían que ser depositadas hechas un rollo, o dobladas en el interior de cada zapato o bota… a fin de que no se mojaran. No servían ni sandalias, ni zapatillas, pero sí servían las madreñas, que también, debían estar limpias y enceradas, para tan especial fin.

El problema era el de siempre: que las botas de “Fede” eran de cuero. Tenía que secarlas y limpiarlas de barro, y untarlas con sebo de caballo, o tocino viejo. Los cordones, casi siempre deshilachados y desgastados, tenía que lavarlos y secarlos en los alambres de secar de la cocina, bajo el calderín del agua caliente. Las hermanas intentaban al mismo tiempo hacer milagros, para blanquear los zapatos de los domingos, con un líquido blanqueador de tubo de la marca Nugget, que casi siempre, por cierto, se agotaba a la primera pasada.

La inventiva natural de mis hermanas, ante el fracaso del Tubo-blanqueador – a fin de lograr que los zapatos de domingo estuvieran “blancos-blancos” siempre, me parecía, que eran los razonables para conseguir que quedaran presentables. La alternativa era simple: hacer discretamente un mejunje de harina y leche – porque todo era blanco-, en una lata pequeña y embadurnar los zapatos con un líquido blanquecino que al helarse en la ventana quedaba cuarteado como la piel de un cocodrilo.

Sorprendentemente al amanecer del día siguiente, aparecía la ventana cerrada con los zapatos dentro, las cartas abiertas, y unos regalos que casi nunca coincidían con lo pedido y solicitado. Ninguno pedimos jamás explicaciones. Simplemente nos limitábamos a empezar a jugar y a entretenernos con los juguetes que habían amanecido en la ventana. Por cierto, la dejábamos abierta, y amanecía siempre cerrada…

Había pasado ya el 6 de enero. Se aproximaba la vuelta al “Insti”, tras el fin de las vacaciones de Navidad. Dependía la fecha de vuelta, de si el lunes siguiente al 6 de enero caía en viernes. Por el contrario, si el 6 de enero caía en lunes, al martes vuelta al “Insti”.

Reincorporado al “Insti”, tras haber superado el Trimestre anterior con notas medianamente aceptables: algún sobresaliente en Dibujo Técnico, varios notables, en Geografía e Historia, y con un aprobado raspado en Matemáticas… correspondía enfrentarse a la rutina habitual : Madrugar, ir a por la leche a casa de la Señora Lucila, volver, hervirla y preparar el desayuno para las hermanas…

Acompañar a las mismas al Colegio, por el camino del Transversal y con la cartera de cuero con los libros de las asignaturas del día, llegar la Instituto a la hora.

Los horarios y días de clase, en el segundo tramo de Sexto Curso, en el Instituto, por ejemplo: en las asignaturas de Física y Química, eran los siguientes:

FISICA: lunes, miércoles de 10m a 11m. Jueves de 16 a 17 horas.
QUIMICA: Martes, de 16 a 17 horas. Miércoles y viernes de 11m a 13m.

El profesor de Física, era el Director del Instituto, Sr. José Antonio y la de Química, una profesora, cuyo nombre se ha desdibujado.

Los temas a abordar por los profesores, en estas materias, siempre en forma de ¿ponencias abiertas… en relación con el programa…? no daban demasiado de sí, porque, debíamos de tomar apuntes a mano en un cuaderno de un solo uso por curso. El resultado, en general, era indescifrable. Dichos apuntes tomados al vuelo, se transcribían con buen ánimo, pero con escasa fortuna. Deberíamos de haber dominado los signos de la escritura taquigráfica, para poder, obtener una transcripción más o menos acertada de la clase de turno. En cualquier caso, lo importante era aprobar, trimestre a trimestre.

Lo cierto es que en Sexto, Fede tenía asignado el número 14, cuando en el curso anterior y su reválida le correspondió el número 17, lo cual se traducía en que, tras seis años en el Instituto “Obispo Arguelles” de Villablino, los compas se habían ido reduciendo, de los ¿cuarenta iniciales…? en el Primer curso, hasta, los ¿24…?

Otras asignaturas, entre ellas, Dibujo, Matemáticas, Geografía, Cultura Industrial, etc. Religión, Educación Física, etc. sus horarios eran intensivos, como lo habían sido en el curso anterior. Como ejemplo:

Martes: 9/10 h. Cultura Industrial. 10/11h. Dibujo Industrial. 12/13h. Matemáticas. Tarde: 16 a 17h. Geografía.
Jueves: 9/10hs: Cultura Industrial. 10/11hs. Dibujo. Tarde: 15/16hs: Matemáticas; 16/17hs. Geografía

Había, además, que tener en cuenta, que las prácticas de Taller: Mecánica, Electricidad y Carpintería, era por Trimestres, y que las mismas se llevaban a cabo por las mañanas en días alternos: lunes, miércoles y viernes. La ventaja, consistía, en el hecho de que los profesores, en cada una de estas materias, eran siempre respetados, dado que en los Talleres, ellos también se ponían el buzo, y, se manchaban las manos de grasa, explicando y aclarando a pie de obra, las dudas de la clase. Las profesoras, solo lo eran en parte de las materias ordinarias que no tenían que ver con las de Talleres. Recuerdo de modo especial a la Profesora de Geografía e Historia: Juana Vega, que me revisaba los apuntes en limpio, el primero.

En Mecánica, por ejemplo, los problemas de roscas, engranajes, pasos, roscas trapezoidales, su teoría y puesta en práctica con Maquinaria Herramienta y útiles, que, en ocasiones, como práctica grupal, había que construirlos bajo plano, a partir de barras de hierro dulce, cumpliendo todo el proceso completo, para ser evaluado el resultado, con un aprobado. Los trabajos de este tipo – los mejores – se conservaban apara ser expuestos a fin de curso.

Día a día, mes a mes, llagaba de nuevo la primavera: La nieve se iba retirando hacia el Cueto Nidio y más arriba. Se acercaba la primavera… en los “praos”, muy verdes, entre el río, y las vías de tren de carbón a los cargues de Villaseca, aparecían las abubillas: unos pájaros de color blanco y negro, con cola amplia y una especie de coronilla en la cabeza. Nunca supe, si eran de la zona, o eran viajeros de temporada, que iban hacia el Norte. Aquellos pájaros eran muy buena señal.

Los meses, marzo, abril, y mayo, pasaban a buena marcha con la rutina habitual, alterada a finales de cada mes y trimestre por las notas parciales, que iban a determinar en parte, las finales de junio.

Llegaron las pruebas de finales de Mayo, y, primera quincena de Junio, y, los resultados finales, para “FEDE”, no fueron desalentadores. Buena parte de las asignaturas resultaron aprobadas por los exámenes parciales trimestrales, por que la media de las notas superaban el “CINCO”. Alguna asignatura, fue objeto de examen total – todo el año – . Recuerdo “Matemáticas” de Sexto: límites, derivadas, integrales, problemas de cierta complejidad, que eran difícilmente entendidos, y en consecuencia, resultaban mal resueltos. Resumiendo: Un único suspenso: “MATES”, para septiembre. Resto asignaturas: Dibujo Industrial: sobresaliente; Geografía e Historia: notable; el esto: Física y Química – asignaturas separadas – Lengua y Literatura, más Educación Física y de Formación del Espíritu Nacional, Religión, habían sido aprobadas, sin sobresaltos destacables.

En cualquier caso, merece la pena destacar, la larga sombra del profesor de Religión – “Don Gildo” -que en una hora, o ¿dos…? a la semana, era capaz de mantener en situación de tensión permanente a unos alumnos en proceso de emancipación juvenil biológica: edades entre 16 a 18 años, con su presencia rocosa, de voz rotunda, sin opción alguna a contradecir sus sermones de breviario ante un alumnado que era escrutado como material en riesgo permanente de apostasías mentales… Aun así, hubo que superar – sin arneses de seguridad mental – la asignatura, que se encuadraba entre las asignaturas de segundo nivel, apellidadas: “LAS MARÍAS”

Nota UNO. Nota especial dedicada al “Compa” Octavio, en relación con el “JIRON XXII”. Octavio, el de Sosas de Laciana, compañero de curso, hasta Quinto de Bachiller, ha tenido el buen detalle, de resituar, un Viaje de Estudios de Fin de Curso, que, de modo, involuntario, he situado en el espacio temporal de “Fin de Curso Bachiller Elemental”. Este viaje correspondió al que se hizo en Un Autobús-Alsa, a Léon, Logroño, Zaragoza, Barcelona – más una vuelta a Valencia – y, retroceso a Barcelona.
El Viaje de Estudios, que había citado, corresponde al realizado los alumnos de Séptimo Curso, a Santiago de Compostela, dos años más tarde.
Agradezco a “Octavio” la notación de carácter temporal que ha tenido a bien ajustar sobre un viaje de Fin de Estudios. Gracias de un compañero que no olvida: Fede, el hijo de “Pedrosa El Barrenista”.
Agradezco de nuevo a Octavio, hoy residente en Ponferrada, al cual tuve la suerte de poder visitar recientemente, a fin de rememorar una antigua amistad, que ha dejado un poso indeleble en la memoria, a la vez, que otros: como Ismael, Robus, Nieto, Rafael Álvarez Rubio, y demás, cuyos nombres se van diluyendo en las nieblas de la memoria.

Fede García González
Autor: Fede García González

Jirones XXI. Reválida y viaje de fin de curso

Autor: FEDE GARCÍA 14 de Diciembre de 2019

Título de Bachhiller Laboral Elemental

Título de Bachiller Laboral Elemental

QUINTO CURSO. REVALIDA, VIAJE FIN DE CURSO Y TITULO BACHILLER ELEMENTAL.

… y, una vez más, se acercaba el mes de mayo de 1964 en el Instituto, tras una primavera acelerada, atreviéndose a alcanzar el mes de Junio a marchas forzadas… en los prados tendidos a los pies del Cuetonidio, atacado por las aguas del Sil, camino de Rabanal de Abajo y de Las Rozas, tras discurrir desde Rioscuro, con energía de baja potencia pero todavía poderosa que, seseaba entre las pozas de baño común de los guajes de las Colominas y de Villablino –no todos, ni todas, bañándose casi siempre a la descubierta, es decir – con la ropa a salvo – no fuera a ser que se mojara y descubrieran en casa, que ¿algunos…? habían hecho pira, sobre todo, determinadas tardes propicias.

Estos baños de ocasión lo eran, bajo vigilancia preventiva de algún compa, que no sabía nadar, sentado en el peñasco de la Concha, con la mirada fija en el Puente de Hierro, y el discurrir añadido del tren-carbonero de humaradas café con leche y silbidos en si-sostenido, procedente de los cargaderos en Villaseca con carbones de antracita y hulla, camino de Ponferrada…

Esas tardes- en remojo apresurado y culposo – con apuestas a pulso de quien se tiraba a la poza desde lo más alto, o sobre quién hacía la pirueta más complicada en el salto, escondía en el fondo todo un barullo de tensiones no resueltas derivadas de las preocupaciones que provocaba – pensar quizá, en no superar la Reválida de Quinto – Reválida, de la que dependía conseguir el Título de Bachiller Elemental (Cinco años) de estudios reglados a golpe siempre de exámenes mensuales, trimestrales, y de final de curso, más la Reválida en Quinto como postre, que de superarla, suponía, poder continuar los estudios – dos años más – para poder acceder a una nueva Reválida que permitiera obtener el Título de Bachiller Laboral Superior. Total SIETE años de pruebas de carácter formativo, disuasorio y decisorio, pasando de la niñez expresa – 10 años – a los 17, con una pre y pos adolescencia empaquetada y resuelta sin anestesia ni contemplación alguna.

Las dudas eran irracionales. Las tensiones obligadas, porque nadie nos preparaba para el supuesto de SUSPENDER. El SUSPENSO era una condena, tanto en el grupo más cercano en las clases, como en los domicilios comunes, donde el cuadernillo de notas, era irremediablemente escrutado, analizado y sometido a un régimen de control disciplinario en su grado más insoportable a base de interrogatorios, sin derecho a cláusula de réplica justificativa que suavizara el nivel de condena a aplicar por uno o varios suspensos, o de faltas a clase sin justificar, o de mal comportamiento, por ejemplo. Las sentencias eran inapelables: Castigado por suspender: Religión, o Mates, o Cultura Industrial: No hay cine el domingo en el Muxiven … Había también castigos menos superables: Manojo de ortigas por las piernas al aire, porque los pantalones largos, habían quedada en el armario para el Invierno próximo… No era el caso de Fede “el Rubiajo”. Si fue el caso de otros compañeros.

Lo cierto, además, es que el día 13 de junio de 1964, la reválida de Fede, se dio por superada con la calificación de APROBADO en el Instituto de Segunda Enseñanza “OBISPO ARGUELLES” en Villablino, certificándose los estudios de Bachillerato Laboral Elemental. El título de B.L.E. fue expedido el día 2 de abril de 1969 por el Rector de la Universidad de Oviedo en el número de folio 20 – con el número 732-

No fue fácil, superar una a una, las pruebas efectivas a fin de conseguir lo que nos parecía imposible, tanto en los exámenes escritos, como en los verbales – que los sentíamos como verdaderos suplicios. Añadamos a ello que las pruebas prácticas, en las actividades de Mecánica, Electricidad y Carpintería, casi siempre había que superarlas en comandita, es decir: en grupo con otros compas elegidos o impuestos a dedo.

Por ejemplo: No está de más, comentar ante qué tipo de problemas había que enfrentarse a fin de poder demostrar las capacidades y conocimientos suficientes y necesarios para superar unos exámenes, mil veces temidos, a fin de alcanzar, por lo menos, un ansiado APROBADO.

EJEMPLO:

       “Problema de POTENCIA ABSORBIDA EN EL TORNEADO”  
A saber: Sobre un torno se mecaniza una pieza de acero cuya resistencia es R= 60 kg/mm2, utilizando un avance de o,5 mm y una profundidad de pasada de 5 mm, con una velocidad de corte de 30 m/min. Sabiendo que el rendimiento de la máquina se estima en 0,7, CALCULAR:
1.- La presión ejercida, por mm2 de sección de viruta…
2.- Las fuerzas F1, F3, y F2, que actúan sobre la cuchilla…
3.- La potencia de corte…
4,- La potencia consumida por el motor

Y la solución había de ser, clara, concreta, concisa y, por supuesto, sin chuleta de mano clandestina.

Efectivamente: para unos adolescentes embravecidos de entre 14,15, 16 años, no superar ésta y otras pruebas similares, podían causar daños irreparables a corto plazo, de muy difícil superación, porque el futuro inmediato quedaría condicionado, reconduciendo al suspendido probablemente, hacia las mismas actividades que sus padres en la misma mina, galería o rampla que ellos en la omnipresente M.S.P.

SANTIAGO DE COMPOSTELA: UNA CAFETERA VOLADORA.

Anexo a esas realidades también había sobre la mesa otras preocupaciones que debían de iluminar el futuro inmediato… entre ellas: El Viaje de Estudios. Viaje de Estudios programado preventivamente desde la Secretaría del Centro “Obispo Arguelles”, que debía de ser autofinanciado – por supuesto – a través de las aportaciones económicas derivadas de la venta de participaciones adheridas a un número indeterminado de la Lotería Nacional, con un premio al ganador de escaso valor. Cada compa, cada alumno de “Quinto”, era titular, por asignación directa, de un talonario de participaciones que una a una, debía de ser colocada al primero o primera que se pusiera por delante – normalmente la familia y allegados -También, se intentaban colocar las dichas participaciones a la salida de misa los domingos, sobre todo si había boda o bautizo… El éxito, nunca fue espectacular en tal peregrino negocio de necesidad sustantiva por imperativo delegado. Debido a ello, de modo habitual, para no quedar mal – la familia asumía – casi, en su totalidad las participaciones asignadas…

Además, para enredar y nublar aún más el panorama, corría – vía Radio Macuto – el bulo de que: si no se aprobaba la Reválida de Quinto, quedabas excluido del Viaje de Fin de Curso. Temor redundante, siempre presente, que condicionaba de modo poderoso las perspectivas y posibilidad real de quedar en ridículo – por poder suspender y por no acompañar a los “compas”- en un viaje de prometedoras perspectivas…

Tal viaje se llevó a cabo. Las dudas se esfumaron. Un Autobús de Alsa nos condujo de Villablino a Santiago de Compostela, ida y vuelta. El viaje fue grupal – participó todo el curso de Quinto– al margen de los resultados en los exámenes. Iba dirigido por el Director del Insti, y el profe de Tecnología. Los preparativos previos para tal viaje, sonrojaban a unos ya – crecidos adolescentes- con sombras bajo la nariz y apuntes de patillas tiznadas: la ropa de repuesto, el calzado, la merienda, la bota de vino, la cantimplora, la mochila, los útiles de aseo. Una especie de locura que jamás llegó al grado de Histeria Colectiva Familiar, pero, casi…

El viaje fue como una especie de traslado al más allá. Comenzó y continuó con varias horas de traqueteo incesante, por unas carreteras embreadas a base de brea hervida y dispensada a mano con cubos humeantes, más la grava oportuna de grano medio aventada con rastrillo de mango de avellano curado. Tales traqueteos y chirridos mecánicos del autobús, se reproducían cada vez que el conductor trataba de esquivar uno de las decenas de baches sembrados en la carretera al tun- tun, no eran suficientes para amilanar en modo alguno al colectivo de “Quinto” en un proceso de emancipación temporal-colectiva vigilada.

Los cánticos resultaban obligados – sobre todo – de los compas que no iban al lado de las ventanillas. Eran a duras penas, los intentos de camuflar el cansancio derivado de ir acomplejados bajo la autoridad tácitamente aceptada por todos de la que eran titulares los responsables de la expedición: ¡Los DOS PROFES!

No hay duda alguna de que ayudaba a despenalizar las situaciones tensas – el ¡pásame la Bota – guaje…! Bota de piel oscura bruñida y corbata de color rojo, en sus versiones de : Vino peleón; vino con sifón; vino con añadido alcohólico sin determinar, circulaba por el pasillo del Autobús volando de mano en mano, puesta a prueba por estrujones manuales sin reparos, a fin de ser premiados con el derecho a beber en trago libre al aire, sin hacer gorgoritos, desde la más imprudente altura y no atragantarse en el intento. Todo ello, como rúbrica esencial y necesaria a los bocadillos y viandas de buena estampa y contenidos rotundos que eran naturalmente, catados, degustados y saboreados por toda la fila sin derecho a réplica alguna.

Pasaban los mojones de “a legua” como arrobas de cansancio y por fin, Santiago de Compostela: parada, acomodo, habitación, y cena. Obviamente: prohibición expresa de escapadas nocturnas. Las puertas de la pensión se cerraban a las 10 horas. Prohibición evidentemente, superada por prácticamente la totalidad del grupo, volviendo a la pensión a la hora de apertura a la mañana.

Desayuno pacífico, domado por las tensiones de la expedición nocturno-clandestina, que nos encarriló a la razón central y formal del Viaje de Estudios-Fin de Curso: Visitar la Catedral de Santiago de Compostela, por dentro y por fuera, incluida una actuación en tiempo real del “BOTAFUMEIRO”. Los “responsables” de mover tal monumental artefacto a base de fuerza/sangre– tres o cuatro postulantes de cura vestidos al uso – sotana negra y sobre faldón blanco apuntillado – movían en viajes de ida y vuelta por los aires al llamado “Botafumeiro”. Enorme Cafetera Volante humeante, que como en un columpio de niños era desplazaba entre las bóvedas de la Catedral los días de Misa Mayor y fiestas de guardar sin parar de exhalar chorros de neblina de incienso al Por Mayor – tipo reactor-, ante las miradas estupefactas y miedos reprimidos de la parroquia asistente a tal alabado y reconocido espectáculo público.

El asombro era normal. Un “Dispensador de Esencias” de varios quintales, podría salir despedido por las fuerzas centrífugas provocadas por el BAMBOLEO hipnótico de ida y vuelta de tal artefacto. Evidentemente en esta ocasión, no salió despedido, pero SI dejó en todo el espacio sacro, un regusto seco a cosa antigua y adormecedora para toda la jornada.

Finalizada la visita cultural- formativa, fuimos liberados y animados por la toma de aire fresco a la salida en la Plaza del Obradoiro. Nos sentamos todos juntos – incluidos los Profes – en las escaleras de la Catedral a fin de inmortalizar al grupo – vía fotografía analógica- un mes de Junio del año 1964. (Lamentablemente, dicha fotografía se ha extraviado). Y, retornar al punto de partida.

La vuelta de nuevo a las bases Lacianiegas, fue más tranquila y sosegada que la ida. Las canciones, por supuesto, decayeron. Las siestas adormecedoras se adueñaron de las largas horas del retorno por las misma trochas ya exploradas en el viaje de ida, devolviéndonos sanos y salvos a cada cual a su destino, con la responsabilidad de – en la vacaciones – de realizar un trabajo personal del Viaje a Santiago, que debía de ser entregado y evaluado en el mes de septiembre – finales – al comienzo del curso siguiente: 1965.

Por otra parte, la vuelta para Fede “El Rubiajo” escondía otra sorpresa, que consistió en un segundo viaje: Fin de curso hasta las llamadas –Vascongadas- Concretamente al término de Pasajes-Antxo – Barrio de Alza, donde residía una hermana de Isabel “La de Pedrosa”. Allí residía su hermana: Margarita González Vega – de profesión cocinera – que había sido trasladada a trabajar a San Sebastián desde Jaén, tras el fallecimiento de su esposo en la Guerra Civil. Tres primos vascos – de menor edad que Fede- fueron los que dieron forma, razón y sustancia a la estancia de un mes en el País Vasco, en un barrio- Altza – donde hablaban un idioma raro, de sonidos duros – al menos eso a mí me parecía – era, el Vasco…

Me asombró que en las fiestas de Pasajes-Antxo – mes de Agosto – se hicieran competiciones de arrastre de piedras pesadas sin ruedas con bueyes, que eran arrastrados por una especie de calle corta empedrada con” cantos de río “pequeños. Gritaban siempre los ¿ganaderos..? animando a los animales. Por supuesto no entendía lo que decían, pero se les notaba enfadados, tanto si los animales no tiraban, como si tiraban poco. Parecía que jugaban apuestas, y por eso picaban a los bueyes con una vara de avellano larga con un clavo corto en la punta… Por lo demás, había en las cercanías unas casonas bajas muy grandes, con madera entre las paredes, viendo como introducían a las vacas por debajo de la casona, a través de un portalón muy grande y abierto, con un tronco de madera en el centro, y en otras una gran arco de piedra – tipo castillo –

Las ovejas iban a otra parte de la casona (Caserío), que generalmente estaba al lado. Por el día estaban en los prados – que allí, decían: Landa – pastando hierba siempre muy verde, aun lloviendo. Las ovejas, todas iguales, llevaban las lanas muy largas, casi arrastrando por el suelo, hasta que una vez al año, las esquilaban tijera en mano…

Fede García González
Autor: Fede García González

Jirones XX. Garabatos mentales

Autor: FEDE GARCÍA 12 de Mayo de 2019

Villablino 2018. Lavadero de carbón cerca del río Sil.

Tras un cierto tiempo, desde el 9 de abril del pasado año 2018, se abre la puerta del interés personal a fin de continuar, esta especie de: monográfico a la intemperie de los hilvanes que dieron cuerpo a la niñez y adolescencia de un niño rubio – hoy adulto avanzado – al que le apodaban en “Las Colominas” FedeEl Rubiajo”. Se han olvidado en el calendario – 398 oportunidades de dar continuidad a esta especie de ¿revalida de la memoria…? que, puede incluir, algún garabato mental, producto de las neblinas que la lejanía del tiempo añade al repaso voluntario de septiembre-otoñal. Razones involuntarias y acontecimientos sobrevenidos, lograron silenciar de modo temporal la pluma, el palillero y la tinta “Waterman” de Fede – (sistema analógico de escritura en vías de extinción radical) –  a manos de las nuevas tecnologías, que no manchan los dedos de tinta, ni emborronan las cuartillas amarillas con restos de paja.

Estas visitas – recordatorio – a la memoria escondida, se volvieron a reactivar, tras una visita relámpago a Villablino con la familia, hace escaso tiempo. Apenas, unas semanas, nada más. Tiempo suficiente para re-andar unos caminos, unas veredas, y unas circunstancias que encajaron pieza a pieza el puzle de la imaginación, salvo algún imponderable irreparable que la realidad del devenir impone.

Pude comprobar el asesinato de las vegas y los prados, camino del puente de Hierro, para ir a las pozas de baño: “El Largo”… “La Concha”… etc, a  manos de un monstruo enorme de hierro y hormigón que había impuesto sus cimientos sobre unos prados, siempre verdes, con amapolas y margaritas sembradas a voleo. Habían sido esos prados el sustento de un ganado específico, y también, el tablero de juegos tras las siegas de verano, de unos niños y niñas – casi todos de “Las Colominas”, que se aventuraban a colonizar de modo temporal los mismos.

Ese monstruo colosal – hoy, en silencio – es una especie de esfinge frustrada en honor al horror del progreso al minuto. Sus desechos, por miles de toneladas – habían sido depositados a pie de ribera del siempre altivo Río Sil. Habían rellenado las graveras que la paciencia del rio en millones de años había construido, sin quejarse. El paso por la “Concha”, seguía siendo el mismo: estrecho, ondulado, peligroso, y la playa-rocosa a la altura de “El Molinón”, era una especie de espacio natural – sin proteger – adornado por las hierbas y flores, que habían hecho fortuna entre las rendijas y las entretelas de las rocas. El silencio dominante – ningún lacianiego, ni guaje, ni adulto, con caña o sin ella, perturbaba la melodía de fondo de las aguas – casi bravas – en su camino hacia el abrevadero reventón de la presa de “Las Rozas”.

Esa vereda – casi clandestina – porque, para ser paseada, es necesario hacerlo con cayado de boj, o vara de avellano verde, dispone de un pequeño y casi oculto acceso a la altura del hoy – extinto – puente colgante de las aguas potables de hace unas décadas, en la bajada del camino de “La Muela”. Camino, casi motorizado, aunque, aún se mantiene, el acceso natural a “La Muela”, por el sendero de cabras, que cruza el robledal, hasta el Castro, paralelo al arroyo que desciende desde el Nevadin.

Allí, se puede comprobar, como los artilugios mecánicos de traslado, de la reposición de los residuos impertinentes del “Carbón-negro antracita”, han sido depositados – capa a capa – como si de un rascacielos inverso se tratara, por decenas de miles de toneladas, y sin, por otra parte, disponer de Plan-B alguno de emergencia ambiental, ni presente ni futuro, por si Don Gildo, levantara la cabeza. Una pena. Pero, a la vez, una desgracia más, que ha pasado factura sin derecho a devolución, en cuanto al resarcimiento efectivo y la correspondiente reposición de los prados en su esplendor  milenario ya desaparecido.

Los sopletes ya habían desmontado, alguna parte del espinazo del ascensor de residuos industriales contaminantes. Allá estaban, volteados, oxidados, quizá a la espera, de que algún responsable, o empresa, o vaya usted a saber quién, los facture a la Fundición Auxiliar más próxima, sin explicaciones, por el momento.

Villablino 2018. Antiguas escuelas graduadas.

En otros momentos, en los paseos hacia el abismo de la memoria, alcancé y alcanzamos, por dos vías, las escaleras de piedra de acceso bilateral a las antiguas Escuelas Graduadas, en la carretera a San Miguel y Villager, y por la ronda/calle, hoy asfaltada, desde la Plaza de Villablino al Extinto- Cine Muxiven y a las Escuelas. En ambas vías, la “Suerte estaba echada”. Los patios de juego y expansión de las Escuelas Siamesas (Niños y Niñas) juntos, pero no revueltos, habían sido ajardinados sin demasiado esmero. Por tanto, se había acabado el griterío de tumulto imparable en las salidas al recreo y al finalizar las clases mañana y tarde. Un silencio catastrófico era el rey del tiempo.

Ni resbalones, ni empujones, ni meriendas volando, ni juegos naturales, ni tablet, ni smartphone inoportunos y alienantes. Se acabó, el yo soy el primero, porque me da la gana y además te puedo… recurso inapelable del más broncas de la clase, que siempre se arrugaba, ante otros de menor edad, que podían hacerle frente, y además, no le chivaban los deberes o las preguntas del So-Maestro.

Los colores de las Escuelas – su pintura – las paredes, habían sido restañadas en alguna ocasión. No demasiadas. El interior de las aulas estaba arrasado, como si hubiera pasado un ciclón natural. Algún pupitre volcado, y algún mapa desvencijado. Ruina, en definitiva. Abandono programado y desidia municipal en estado de insolvencia mental.

Villablino 2018. Antiguo cine Muxivén.

Respecto del Extinto-Cine Muxiven, había pasado de ser el centro de culto del paisanaje de Villablino, los sábados/noche, los domingos sesiones primera tarde/menores y tarde/noche, adultos, con películas muy al día del momento: Reestrenos, casi siempre, habiendo pasado previamente, por el Visto/Bueno, de Don Gildo. Cine – ruinas de cine – sellado a cal y canto, como un simple sarcófago, tal y como confirmó la vecina de enfrente. El cine Muxiven, había sido sacrificado para siempre, en su versión previa. Quedaban los ojos ovalados de respiración interior –siempre abiertos – como espantados de que su fin era irreversible – Dan la impresión de que no aceptan el veredicto de un sacrificio cultural ya añejo y olvidado. Quizá, alguna promotora, o entidad pública, se atreva a rehabilitar una ruina que enriquezca la memoria colectiva. A saber…

Autor fotografías: Fede García González

Fede García González
Autor: Fede García González

Jirones XIX. PITI un alquimista de la fotografía

Autor: FEDE GARCÍA 9 de Abril de 2018

1964. El autor, Fede García El “Rubiajo”, con Ángela, hija de Piti.

Ha pasado algún tiempo – no en balde – desde que, JIRONES XVIII, vio la luz en la – quizá larga marcha de recuerdos prensados en una memoria que se niega a ser estéril – en “LEMBRANZAS”, una página prestada, que de manera amable, dispuso  el Sr. Calzada.

Fede: “EL Rubiajo”, tras este “lapsus temporal”, retoma la mini-serie de escritos que, intentan dar continuidad a unas experiencias escolar-bachilleradas, muy personales, en los límites de una adolescencia inverosímil y cuarteada por las realidades sobrevenidas en un mundo limitado, entre el Cueto-Nidio, las Rozas, el Sil, y las  humarradas del tren-carbonero Villaseca-Ponferrada…

Entre otras nieblas, se despeja la imagen de “PITI”, un fotógrafo autodidacto, que se liberó de sus trabajos de mecánico en los Talleres de la M.S.P, de reparación de material móvil en las cercanías de la estación de Villablino.

“PITI”, me dio cabida en su local de fotografía, en la calle———-, durante dos o tres años, a tiempo perdido, como aprendiz de fotógrafo y guaje de los recados, durante los cuáles recibí las lecciones básicas del misterio de la fotografía en Blanco y Negro.

Los sábados a la tarde y los domingos, acompañaba, casi siempre, a “PITI” a llevar a cabo algún trabajo esporádico, pero, las más de las veces, eran actuaciones al instante, en función de la visión de águila del maestro que cámara el hombro, enfocaba, disparaba y después avisaba, como experto captador de unas esencias y paisanajes en tránsito permanente.

Lo admirable para un adolescente semi-despierto, era la preocupación por descubrir el secreto de la alquimia de la fotografía: Un secreto, que suponía muy bien guardado, por aquél que lo poseía, dada la prudencia y solemnidad con las que administraba las dosis necesarias y útiles a la curiosidad insaciable del aprendiz de oportunidad de fotógrafo.

“PITI”, me concedió al honor, de reponer un carrete KODAK, de los de “veinte” en una máquina simple-Kodak, para una clienta en su Estudio, delante de él mismo, bajo la lupa de su mirada que fiscalizó todos los movimientos: “Rebobinar” el cliché ya utilizado” … “Comprobar que quedaba suelto y bien rebobinado, a fin de poder abrir la máquina y que no se velase el mismo” ; “ sacar el nuevo de la caja y colocarlo con mucho cuidado en la posición correcta, para una vez fijado, poder desenrollar el cliché necesario para fijarlo en la rodela de arrastre en sentido inverso, de tal modo, que en cada ocasión, que se disparara la máquina para una nueva fotografía, se pudiera arrastrar de forma debida, el siguiente tramo de cliché”… Naturalmente, fueron los nervios del principiante los que gobernaron la ocasión, conduciendo el experimento a la más completa ruina, ante el sonrojo y angustia de FEDE: No se cerró bien la tapa, se soltó el enganche de la rodela de arrastre, y quedó velado el cliché. Resumiendo: “PITI”, si corrigió el problema, invitándome a intentarlo de nuevo, sin su ayuda, naturalmente. Con mucho más cuidado, repetí la operación con otra carga-Kodak de veinte, quedando gestionado el tema, ante la clienta por el mismo precio, y el honor de FEDE a salvo.

El Señor “PITI”, tenía la capacidad de promover el interés de aquel rubiajo – hijo de Pedrosa “El Barrenista” -, que le acompañaba, y además, se interesaba, por las artes de un fotógrafo ¿Free Lance…? que hizo de su actividad extra-laboral, su medio de vida, en un medio casi inhóspito e insólito, desde su residencia en el barrio, donde estaba encajado el Cuartel de la Guardia Civil en Villablino. El pasillo de su casa estaba plagado de clichés colgantes sujetos con pinzas de madera de ropa, como si fueran telarañas adornando el techo, dado que, siendo todavía  niño tenía que ir a su casa a recoger alguna foto, o, en otras ocasiones a recoger la Radio de “Lámparas encendidas” que se había estropeado, porque, “PITI”, también hacía las veces de “Reparador de Radios de Bujías”.

Allí, en su casa, antes de instalar su “ESTUDIO PITI”, en la Avenida – prácticamente al lado, de lo que hoy es el Museo….., él hablaba de que, con unos líquidos nuevos había podido positivar fotografías en “COLOR”, pero, que no le quedaban muy bien…necesitaba más tiempo y mejores clichés. No se conformaba, con el Blanco y  Negro, en absoluto.

Lo cierto, es que no se cansaba de decir, que la fotografía, no solo era el arte de reproducir una escena, un hecho,  o un material inanimado; Hacía falta algo más: El encuadre, la luz, la velocidad, manejar el diafragma, como su fuera un lápiz, la composición, los contraluces, la oportunidad, el silencio, la naturalidad… nunca haría ¿Ni hizo…? una fotografía por exigencia de oportunidad …le molestaba, sin más.

Fede, le acompañaba, también en el Cuarto Oscuro, donde se producía el milagro de la alquimia: Los clichés tenían que ser positivados: Totalmente a oscuras – sin luz roja – destripaba el cliché de su carrete y lo introducía en una especia de fiambrera repleta de líquido, donde permanecía un tiempo indeterminado, para después, sacarlo y comprobar ante una luz tenue, si aparecían las imágenes del negativo, y, también, su calidad. En ocasiones, volvía a introducir, de nuevo en el mismo líquido el cliché un tiempo más, dado que no le gustaba el resultado.

Positivado el Cliché, lo ponía, o los ponía, cuando eran varios a secar de modo natural,  fijados como los calcetines del colgador de ropa a la “Pinza” de madera, ante una luz muy tenue.

Comprobado que los “Clichés” no tenían ni rastro de humedad alguna, se entraba al segundo nivel de la alquimia de la fotografía:

Ante una luz previa muy tenue ROJA, OBSERVABA, a contra luz, los fotograma en negativo, que tenía que positivar. Los analizaba, y comentaba, casi en voz en alto, el tiempo necesario de exposición de luz sobre el Papel-Kodak, en función de la calidad del cliché, que debía de utilizar. Habitualmente, si la fotografía se había tomado con poca exposición y poca luz – interiores – necesitaba entre diez o doce segundos. Si al contrario, la fotografía se hubiera tomado con alta velocidad ante mucha luz, la exposición, no pasaba de cinco o seis segundos. Incluía en el Proyector, el juego de manos, modulando la luz, mientras comentaba que el juego de luces y sombras, también se podía gestionar, haciendo que unas zonas del Papel-Kodak, que se iba a positivar, recibieran la luz, unas segundos más o, en otras ocasiones de menos.

Continuaba, con el milagro de las Las Cubetas de líquidos, que eran Tres: Cubeta UNO: Liquido positivador. Cubeta DOS: Líquido Fijador. Cubeta TRES: Agua para limpiar.

En las tres cubetas blancas rectangulares, y juntas, se  pasaba el papel procedente del Proyector, de modo automático. A la Cubeta UNO, donde tras un lapsus temporal discreto se empezaba a dibujar los contornos de lo que se emulsionaba, hasta que en pocos segundos, se distinguía con claridad, el fotograma impreso. Naturalmente ese primer paso, había que hacerlo con pinzas, porque el líquido – un ácido – dañaba los dedos. Comprobada a la luz roja- la calidad, o la ruina de la fotografía se continuaba o se desdeñaba la misma, repitiendo el proceso. Si, era válida la misma, se pasaba al Cubeta DOS, la del  líquido-FIJADOR, también un ácido, pero que tenía la función contraria: Retener y/o, paralizar el proceso de positivar el papel, fijándolo en los términos que le interesaba.

De acuerdo o no, con la opinión de FEDE, el aprendiz de brujo, a tiempo parcial, respecto de la calidad del trabajo, bajo la siempre vigilante, luz ROJA, se pasaban el papel-Kodak (Con brillo o Sin-Brillo), positivado a la Cubeta TRES, la del agua para lavarlas media docena de veces, y pasarlas a continuación al secadero de cuerda-bramante en la Sala, permaneciendo colgadas toda la noche, hasta que a la mañana siguientes estuvieran bien secas. No siempre se utilizaba un secador eléctrico que en poco tiempo secaba las mismas, aunque quedaban siempre un tanto arqueadas, sobre todo las de brillo. Este secador, donde podían secarse del orden de cuatro o seis fotografías, solo se utilizaba en ocasiones cuando la necesidad  dictaba.

La paciencia y rigurosidad de “PITI”, en su afición, dejó una profunda huella en su Aprendiz Temporal, al hilo del interés por las buenas imágenes, las buenas composiciones, los contrastes, y la artesanía en su sentido más real y humano: “PITI”: La fotografía es un arte, que jamás te aliviará, pero te alimentará las ganas de reflejar lo positivo de la vida a pesar de la sordidez de la misma que en demasiadas ocasiones romperá el encanto de la misma”

Nota: Último comentario, dedicado a “PITI”, en interpretación libre.

 Fede García: El “Rubiajo” hijo de Pedrosa “El Barrenista” y de “Isabel, la Andaluza.

Jirones XVIII. 1963-64 quinto curso en el Instituto Laboral – Verano

Autor: FEDE GARCÍA 27 de Noviembre del 2016

En el círculo la casa a la que se refiere el autor.

Barrio de Colominas de Villablino. En el círculo la casa a la que se refiere el autor.

… Otro verano incierto transcurría, lleno de premoniciones extrañas tras los exámenes finales de 5º curso y la inoportuna  Reválida de quinto. Unas pruebas bastantes duras para unos adolescentes que ya vestían pantalón largo y se adornaban la cara con el vello natural pubertario a expensas de la niñez consumida… La libertad de disponer de un verano ansiado rompía las expectativas de cada compa de curso y del Insti. Cada cual son sus ensoñaciones  propias, planes hilvanados en la esperanza de que estas vacaciones debieran de ser muy especiales.

Al menos, para FEDE: eran todo un misterio. Acabado el curso y la Reválida de QUINTO, fue necesario que comenzara a trabajar de “Guaje de Botijo”, con una grupo de canteros gallegos que ponían las bases de una casa a levantar desde los cimientos, en el camino entre Las Colominas y las chabolas de los cuchos, incluyendo paredes de piedra con esquineras escuadradas a base de cincel y porra.

Las funciones de FEDE, eran las de estar pendiente de que no faltara agua fresca y vino en bota de las de beber a caño, durante un mes. Las bromas y novatadas fueron  las normales del tiempo: ¡Rubio! Acércame el saco de cemento-portland enyesado: rápido, que fragua la masa. ¡Rubio! Acércame el nivel de agua, pero solo el que es de madera. Como es lógico, no había nivel de agua de madera, porque  se trataba de una simple goma de regar de cierta longitud, y el Guaje del Agua y Bota, no acertaba a satisfacer semejantes órdenes.

Una práctica cotidiana de aprendizaje directo, era la de ayudar a lanzar los ladrillos a los albañiles a la altura del primer piso. La práctica era elemental: FEDE, sube al tablón, y recoge al vuelo los ladrillos que te lance de uno en uno. FEDE, había visto con que habilidad lo hacían los demás. Desde el suelo, los lanzaban al vuelo, y en el piso primero, los recogían uno o dos albañiles de manera alternativa con mucha rapidez, dado que la obra se había contratado a DESTAJO.

Los ladrillos habían sido depositados por un camión Pegaso con volquete, que con un estruendo notable se desmoronaban entre una polvareda irrespirable que desaparecía despacio entre las toses y los salivazos teñidos de amarillo-rojo de casi todos, incluido el Guaje Aguador.

No había tregua alguna. Sin disiparse del todo la neblina amarillenta, los ladrillos tenían que ser colocados en los tablones del piso superior, y entre bromas y ánimos perversos, me indicaron, preguntando: ¿FEDE? ¿Serás capaz de subir y recoger, también, los ladrillos al vuelo…? Tuve que subir,  no sin cierto pudor y temor: Resultado: El primer ladrillo recibido se escurrió entre mis manos y fue a parar a la cara, con poca fuerza, porque quien lo lanzó, sabía que de haberlo lanzado con la fuerza normal el ladrillo me habría dañado de modo irreparable.  Tras el grito oportuno, me bajaron del andamio y me asistieron sin botiquín de urgencia – porque no disponían del mismo – Me lavaron la cara con agua fresca y me dieron un pañuelo limpio de los de bolsillo humedecido. Pañuelos de cuadros azules, verdes y blancos, que servían, entre otras cosas, para ponérselos en la cabeza, anudados por las cuatro esquinas, a modo de casco de seguridad improvisado frente al calor o la lluvia. 

Sentado en los tablones amontonados en la obra, y viendo los Canteros la cara de angustia que el incidente/accidente, había provocado en FEDE la invitación a la práctica de recoge-ladrillos-al vuelo, me enviaron a casa, con permiso para no venir a la tarde.

Al día siguiente, ya sin pañuelo-protector, volví a la obra de los Canteros Gallegos, con la boca hinchada y lo moral por los suelos. Los mismos albañiles que me habían incitado a la prueba de “ladrillo-al- aire”, quizá avergonzados, me enseñaron la técnica de cómo lograr que el ladrillo al aire, no acabara rompiéndote la cara o los dientes.  El misterio estaba en recoger el ladrillo, cuando inicia la caída al haber perdido ya la fuerza de subida.  Nunca he olvidado la técnica de recoger al aire, cualquier paquete, ladrillo u otro objeto. Los Canteros Gallegos, tenían razón.

Las funciones de “FEDE” incluían tener los bidones de agua para las masas de azada y pala, siempre llenos. Cubeta a cubeta, había que recoger el agua de una manguera corta, que no llegaba a los bidones,  perdiendo por el camino parte de la misma, por los equilibrios que debía de hacer al sortear un tablón tembloroso, que salvaba una zanja entre la obra y la manguera en cuestión. Todo ello, antes de las diez de la mañana, hora del bocadillo. Habitualmente, la parada era de 15 minutos/media hora, durante la cual, todos sentados en el tablón de la merienda, desenvolvían bocadillos de tortilla enormes, envueltos en varias páginas de periódico arrugadas y adornadas con grandes manchones de grasa; abrían las tarteras; y ponían sobre el tablón-mesa, trozos de cecina, queso y chorizo de matanza curado, que se repartían navaja en mano para cortes crudos. La bota de vino al caño, era socializada sin contemplación alguna, con prohibición expresa de beber a beso. FEDE: tuvo que aprender a beber a caño/chorro, tras varios intentos previos con “atragantamiento” incluido, entre las risas de los expertos en beber sin respirar y no atragantarse…

Esta experiencia de trabajo en vacaciones, finalizó al mes. Me pagaron  un jornal de dos duros al día, sin domingos. Fue el primer aporte de FEDE a la familia de Pedrosa “El Barrenista” e Isabel “La Andaluza”. 

El siguiente mes de Agosto – solo quince días – me enviaron de vacaciones  a AVILES, en Asturias, donde residía un tío-paterno, que trabajaba en ENSIDESA. En Avilés, nuevas amistades; las playas en Candás, las fiestas de gaita y culines de Sidra en los Chigres siempre animados con paisanos de boina calada, fabla rápida, tacos expresos y porte indiscutible.

Para el 15 de Agosto, volví para las FIESTAS DE SAN  ROQUE. Fiestas que ya se hacían en el patio del Colegio de las Niñas. Fiestas de varios días, que atraían a gran número de Lacianiegos. Las atracciones de siempre: La pista de Autos de Choque , los Tío-Vivos, que con sus asientos de cadenas volantes, lanzaban a los aires a los niños y niñas, que habían podido pagar el viaje. Las Tómbolas de lotería, que siempre “Tocaba”, jugaras lo que jugaras, repletas de regalos fantásticos que jamás se terminaban. Las Barracas de tiro de carabina de balines, que a precio de saldo, te animaban a ser el más diestro en abatir muñequitos de chapa en movimiento continuo y cuyo premio, podías elegir entre opciones muy limitadas. Sí, merecía la pena, alguna mañana ir con los padres, porque se ponían mesas con tapas de pulpo y jarra de vino y pan, que no estaban al alcance de todos, pero cuyo aroma aún está grabado en el disco duro de la memoria de Fede “El Rubiajo”.

A las tarde-noches: Fiesta con Orquesta/Banda de profesionales, que en el más puro directo, atacaban temas, incluso de Jazz, que al menos, en Fede, dejaron un rastro indeleble, al oír por primera vez, “EN FORMA” un conocidísimo tema instrumental de Glen Miller.

Aún hoy, algunos años más tarde, están grabadas esas imágenes de modo imborrable, que toman forma cuando en decenas de ocasiones he tenido la ocasión de re-escuchar, dicho tema.

Imagen tomada de: lacianababia.blogspot.com.es

Cerrando el círculo (el baile de los apellidos)


CerrandoElCirculoCompletoNombres512

Todos llevamos en nuestro ADN la huella de nuestros antepasados. La secuencia de bases A T G C que conforman su hélice, guarda la información común a toda la especie humana y los matices que a cada individuo han ido aportando los sucesivos apareamientos de todos sus ancestros, hasta Adán y Eva. Si en el ADN quedaran reflejados los apellidos, qué fácil sería elaborar los árboles genealógicos sin tener que recurrir a expertos, como Juan Blesa tuvo que hacer con los Vidal-Abarca, que viven de rastrear apellidos desempolvando los libros de bautismos, matrimonios y defunciones en iglesias y registros civiles.

Así como es imposible prescindir de los códigos A T G C que componen el ADN, los apellidos aparecen y desaparecen de las familias a velocidad de vértigo con cada matrimonio. Solo hay sitio para dos apellidos por persona. Lo mismo da que el apellido sea tan ilustre como Vidal-Abarca o tan vulgar como García. Si no están en primera posición, se irán por el desagüe en la siguiente generación. En el caso de mis hijos, por ahí se ha ido la gloria de los Servet, Vidal-Abarca, Lloréns, Rodero y Castel de la misma forma que lo han hecho los más modestos de la Calzada, Alonso y González.

Lo mismo da que los primeros fueran comerciantes de paños y banqueros o prestamistas, guerreros y regidores o inquisidores o catedráticos, firmantes de billetes del Banco de España o altos funcionarios y los segundos humildes campesinos y ganaderos.

Sancho Abarca cambió su tosco calzado de pastor por los borceguíes reales a finales del siglo X. Mil años más tarde mis dos abuelos aún seguían dando vueltas en el trillo y abriendo surcos en la tierra apretando fuerte sobre la mancera del arado romano. Esos mil años de ventaja y seguramente algo de osadía, permitieron a unos ser potentados y gente muy distinguida, mientras los otros siguieron apegados al terruño y viviendo bajo costumbres casi medievales.

Pues bien, de nada sirve un pasado glorioso o anodino en la lucha de los apellidos por subsistir. Si eres mujer, tu apellido solo estará a la altura del de los hombres a la hora de dejar su impronta en el ADN de la descendencia, pero desaparecerá de la vida civil.

Ellos, como pavos reales en sus uniformes o bajo sombreros campesinos que les cobijan del sol, han escrito la historia a lanzadas y espadazos o golpes de azada. Ellas, algunas representadas como anónimas siluetas en los árboles genealógicos donde sus apellidos naufragan irremediablemente, son generación tras generación la fuente de vida que no se agota. Ellos aportan la inspiración de un instante y ellas la dedicación y sacrificio de toda su vida. Ellos ponen los apellidos y ellas lo más importante, los nombres y el cariño. Parece que la contribución de ellos y ellas a la progenie, aun habiendo actuado por parejas de hombre y mujer, discurre por dos círculos diferentes, casi tangentes, que no se tocan. El de ellos cuyos apellidos permanecen en los árboles genealógicos a través de la primacía del varón y el círculo de ellas cuyo rastro familiar se va perdiendo en este baile continuo de apellidos, pero que nos aportan la ternura y el cariño que los hombres somos capaces de soportar solo en pequeñas dosis.

Lo más bonito que tenemos ahora en casa es mi nieta Lola. Lola Llabrés García que en sus genes tiene el eco lejano de su ta-ta-tatarabuela Antonia Ayllón Miranda, mallorquina, junto con los más recientes de los Llabrés, mallorquines también, en ordenado revoltijo de As, Tes, Ges y Ces de los García de Velilla de Valderaduey y de los Sánchez de Alhama de Murcia, antes Vidal-Abarca, de los Calzada de Posada de Omaña, de los Rodero de San Felices de los Gallegos, de los Servet catalano-murcianos, de los Lloréns catalanes, de los Castel de Guadalajara, …….. . Y eso sin remontarnos a los fenicios, cartagineses, romanos, a los visigodos, árabes, etc, etc, que de todos tendremos algo. Lola tiene algo de todos ellos, tras siglos y siglos de apareamientos de gentes de toda procedencia. Y solo dos apellidos.

Lola dará a sus hijos un efímero Llabrés que ya no llevarán sus nietos, pero todos llevarán en su ADN el recuerdo del batiburrillo de apellidos, unos muy notables y otros menos, que son los responsables de que ella sea esa cosita tan entrañable, ya se vista de ratoncita, de pirata con parche en el ojo o de brujita Tapita. Que la historia siga con esta mezcla de orígenes, de historias de gloria, de miserias, de blasones y de sombreros campesinos, de mestizaje continuo si de vez en cuando se produce el milagro llamado Lola.

Lola suele cantar con su media lengua de niña pequeña, mientras levanta con sus manos una pared imaginaría,

ladrillo a ladrillo
construyo un castillo
tan alto tan alto
que llega hasta el Sol

Lola pondrá su ladrillo ATGC en su descendencia, pero mi modesto apellido García habrá llegado a su fin, como ya sucedió antes con el de Vidal-Abarca y todos los demás, provinieran de un alto linaje o de gente apegada a su terruño. Y así debe de ser para que siga surgiendo de vez en cuando una niña como Lola. En las sucesivas lolas radica la salvación de esta especie desorientada. Adiós García, adiós Vidal-Abarca y adiós a otros tantos que vendrán, que ninguno se quedará para siempre.

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

Periódico La Montaña Leonesa (Laciana en el cincuenta y tantos)

La Montaña Leonesa, cabecera

Cabecera del periódico lacianiego La Montaña Leonesa

En varios post he hecho referencia al periódico La Montaña Leonesa sin ser consciente que la mayor parte de los que visiten este blog, no habrán visto nunca un ejemplar del periódico lacianego. Parece hora de que si alguno está interesado en conocer que se contaba en sus páginas, pueda hacerlo.

Voy a dar algunos datos de interés. Se empezó a editar en 1958 por iniciativa de algunos profesores del Instituto Laboral de Villablino y de la Academia Nuestra Señora de Carrasconte, José Bobes y Jesús Pérez Bances entre otros. Creo que se publicó hasta mil novecientos seseinta  y tantos, llegando hasta el número 74. Comenzó con una periodicidad quincenal que fué aumentando a medida que disminuían las colaboraciones.

Mi padre fue el último director del periódico y yo mismo tuve alguna contribución menor en los contenidos, así como en tareas auxiliares encaminadas a su distribución, tal como se cuenta en el post Así vivimos La Montaña Leonesa. Por ese motivo, abundan en mis post nostálgicos las referencias al periódico.

Para que los que lo leyeron puedan volver a hojearlo/ojearlo (no recuerdo cual de las dos palabras me fue computada como falta ortográfica en una de mis redacciones, al aludir al acto de leer por encima un libro, y todavía me escuece) y lo conozcan los más jóvenes, incluyo el facsímil de dos números que gentilmente me regaló Teresa Vaquero hace años.

Aunque solo fuera por ver los anuncios, creo merece la pena echarles un vistazo. Los contenidos son muy diversos y dan pistas de cómo vivíamos en Laciana allá por mil novecientos cincuenta y tantos. Tan distinto de hoy, como que los teléfonos  solo tenían dos números o a lo sumo tres. Especial mención merece el espacio fijo Duendecillo Hablador, que en tono desenfadado hablaba de lo divino y lo humano, criticando sin reparo el estado mejorable de algunas cosas. Los programas de fiestas o la crónica social, a algunos les hará recordar aquellos tiempos tan distintos de los de hoy.

Si alguno de los que lean este post dispone de algún número del periódico con un contenido que crea de especial interés y que le gustaría fuese publicado, le agradeceré se pongan en contacto conmigo a través del correo electrónico emilio@garcia-sanchez.com.

Particularmente, estoy muy interesado en el primero y último de los ejemplares, los números 1 y 74.

Periódico La Montaña Leonesa

– Número 60 de 22 de Noviembre de 1962 (por gentileza de Gregorio Campelo)

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– Número 57 de 31 de Julio de 1962 (por gentileza de Gregorio Campelo)

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– Número 22 de 12 de Julio de 1959 (por gentileza de Teresa Vaquero)

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– Número 2 de 5 de Mayo de 1958 (por gentileza de Teresa Vaquero)

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(A pesar de que han transcurrido más de cincuenta años, seguramente los contenidos están aún protegidos por los derechos de autor. Si alguno de los autores no desea ver su artículo o fotografía publicados en este blog, no dude en hacérmelo saber a través del correo electrónico emilio@garcia-sanchez.com y eliminaré ese contenido de inmediato.)

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada