Jirones XX. Garabatos mentales

Autor: FEDE GARCÍA 12 de Mayo de 2019

Villablino 2018. Lavadero de carbón cerca del río Sil.

Tras un cierto tiempo, desde el 9 de abril del pasado año 2018, se abre la puerta del interés personal a fin de continuar, esta especie de: monográfico a la intemperie de los hilvanes que dieron cuerpo a la niñez y adolescencia de un niño rubio – hoy adulto avanzado – al que le apodaban en “Las Colominas” FedeEl Rubiajo”. Se han olvidado en el calendario – 398 oportunidades de dar continuidad a esta especie de ¿revalida de la memoria…? que, puede incluir, algún garabato mental, producto de las neblinas que la lejanía del tiempo añade al repaso voluntario de septiembre-otoñal. Razones involuntarias y acontecimientos sobrevenidos, lograron silenciar de modo temporal la pluma, el palillero y la tinta “Waterman” de Fede – (sistema analógico de escritura en vías de extinción radical) –  a manos de las nuevas tecnologías, que no manchan los dedos de tinta, ni emborronan las cuartillas amarillas con restos de paja.

Estas visitas – recordatorio – a la memoria escondida, se volvieron a reactivar, tras una visita relámpago a Villablino con la familia, hace escaso tiempo. Apenas, unas semanas, nada más. Tiempo suficiente para re-andar unos caminos, unas veredas, y unas circunstancias que encajaron pieza a pieza el puzle de la imaginación, salvo algún imponderable irreparable que la realidad del devenir impone.

Pude comprobar el asesinato de las vegas y los prados, camino del puente de Hierro, para ir a las pozas de baño: “El Largo”… “La Concha”… etc, a  manos de un monstruo enorme de hierro y hormigón que había impuesto sus cimientos sobre unos prados, siempre verdes, con amapolas y margaritas sembradas a voleo. Habían sido esos prados el sustento de un ganado específico, y también, el tablero de juegos tras las siegas de verano, de unos niños y niñas – casi todos de “Las Colominas”, que se aventuraban a colonizar de modo temporal los mismos.

Ese monstruo colosal – hoy, en silencio – es una especie de esfinge frustrada en honor al horror del progreso al minuto. Sus desechos, por miles de toneladas – habían sido depositados a pie de ribera del siempre altivo Río Sil. Habían rellenado las graveras que la paciencia del rio en millones de años había construido, sin quejarse. El paso por la “Concha”, seguía siendo el mismo: estrecho, ondulado, peligroso, y la playa-rocosa a la altura de “El Molinón”, era una especie de espacio natural – sin proteger – adornado por las hierbas y flores, que habían hecho fortuna entre las rendijas y las entretelas de las rocas. El silencio dominante – ningún lacianiego, ni guaje, ni adulto, con caña o sin ella, perturbaba la melodía de fondo de las aguas – casi bravas – en su camino hacia el abrevadero reventón de la presa de “Las Rozas”.

Esa vereda – casi clandestina – porque, para ser paseada, es necesario hacerlo con cayado de boj, o vara de avellano verde, dispone de un pequeño y casi oculto acceso a la altura del hoy – extinto – puente colgante de las aguas potables de hace unas décadas, en la bajada del camino de “La Muela”. Camino, casi motorizado, aunque, aún se mantiene, el acceso natural a “La Muela”, por el sendero de cabras, que cruza el robledal, hasta el Castro, paralelo al arroyo que desciende desde el Nevadin.

Allí, se puede comprobar, como los artilugios mecánicos de traslado, de la reposición de los residuos impertinentes del “Carbón-negro antracita”, han sido depositados – capa a capa – como si de un rascacielos inverso se tratara, por decenas de miles de toneladas, y sin, por otra parte, disponer de Plan-B alguno de emergencia ambiental, ni presente ni futuro, por si Don Gildo, levantara la cabeza. Una pena. Pero, a la vez, una desgracia más, que ha pasado factura sin derecho a devolución, en cuanto al resarcimiento efectivo y la correspondiente reposición de los prados en su esplendor  milenario ya desaparecido.

Los sopletes ya habían desmontado, alguna parte del espinazo del ascensor de residuos industriales contaminantes. Allá estaban, volteados, oxidados, quizá a la espera, de que algún responsable, o empresa, o vaya usted a saber quién, los facture a la Fundición Auxiliar más próxima, sin explicaciones, por el momento.

Villablino 2018. Antiguas escuelas graduadas.

En otros momentos, en los paseos hacia el abismo de la memoria, alcancé y alcanzamos, por dos vías, las escaleras de piedra de acceso bilateral a las antiguas Escuelas Graduadas, en la carretera a San Miguel y Villager, y por la ronda/calle, hoy asfaltada, desde la Plaza de Villablino al Extinto- Cine Muxiven y a las Escuelas. En ambas vías, la “Suerte estaba echada”. Los patios de juego y expansión de las Escuelas Siamesas (Niños y Niñas) juntos, pero no revueltos, habían sido ajardinados sin demasiado esmero. Por tanto, se había acabado el griterío de tumulto imparable en las salidas al recreo y al finalizar las clases mañana y tarde. Un silencio catastrófico era el rey del tiempo.

Ni resbalones, ni empujones, ni meriendas volando, ni juegos naturales, ni tablet, ni smartphone inoportunos y alienantes. Se acabó, el yo soy el primero, porque me da la gana y además te puedo… recurso inapelable del más broncas de la clase, que siempre se arrugaba, ante otros de menor edad, que podían hacerle frente, y además, no le chivaban los deberes o las preguntas del So-Maestro.

Los colores de las Escuelas – su pintura – las paredes, habían sido restañadas en alguna ocasión. No demasiadas. El interior de las aulas estaba arrasado, como si hubiera pasado un ciclón natural. Algún pupitre volcado, y algún mapa desvencijado. Ruina, en definitiva. Abandono programado y desidia municipal en estado de insolvencia mental.

Villablino 2018. Antiguo cine Muxivén.

Respecto del Extinto-Cine Muxiven, había pasado de ser el centro de culto del paisanaje de Villablino, los sábados/noche, los domingos sesiones primera tarde/menores y tarde/noche, adultos, con películas muy al día del momento: Reestrenos, casi siempre, habiendo pasado previamente, por el Visto/Bueno, de Don Gildo. Cine – ruinas de cine – sellado a cal y canto, como un simple sarcófago, tal y como confirmó la vecina de enfrente. El cine Muxiven, había sido sacrificado para siempre, en su versión previa. Quedaban los ojos ovalados de respiración interior –siempre abiertos – como espantados de que su fin era irreversible – Dan la impresión de que no aceptan el veredicto de un sacrificio cultural ya añejo y olvidado. Quizá, alguna promotora, o entidad pública, se atreva a rehabilitar una ruina que enriquezca la memoria colectiva. A saber…

Autor fotografías: Fede García González

Fede García González
Autor: Fede García González

Una ventana en la memoria (viejas neuronas de juventud)

Villablino, plaza del. Ayuntamiento. Por la izquierda: Tino, José Luis, Manuel Lema Pose, Santiago, Manso y Armando López Suárez.

Villablino, plaza del. Ayuntamiento. Por la izquierda: Tino, José Luis, Manuel Lema Pose, Santiago, Manso y Armando López Suárez.

Tras seis años exprimiendo una memoria ya exhausta y con miedo a repetirme, este blog había entrado en una etapa casi vegetativa con escasa publicación que, además, yo percibía cada vez menos original, menos intensa. Seguía habiendo visitas pero sin que yo tuviera constancia de si eran lectores ocasionales o visitantes con la intención expresa de buscar los contenidos del blog. De repente, en Marzo y Abril de 2019, he visto una actividad inusitada de lectores que recorrían de forma compulsiva una entrada tras otra los post de Villablino y de Omaña. Este autor del blog no cabía en sí de satisfacción, claro.

Durante la Semana Santa, la actividad lectora se incrementó aún más e incluso los visitantes empezaron a interactuar con sus comentarios, el summum. Primero fue Lucas Losada González, de Cuevas del Sil y condiscípulo mío en segundo de bachillerato en la Academia Carrasconte de Villablino, sorprendido de que le citase en Buscando a doña Urraca. Faltaba más Lucas, destacabas mucho sobre los demás. Luego fue Manuel Lema Pose que había estado recientemente en Villablino y me aclaró en un comentario los nombres del pie de foto de los alumnos de cuarto de bachillerato. Gracias Manolo. Estaba claro que eran mis contemporáneos.

Ayer, mientras estaba atento al debate de los candidatos a presidir España, me llegó un correo de Manuel Tercero, un nombre que no me decía nada. Abrí la primera foto anexa, con ese precioso tono sepia de las instantáneas antiguas, y quedé en shock, ajeno a las mentiras de nuestros próceres en televisión. Fue como abrir una ventana al pasado, al Villablino de alrededor de mil novecientos sesenta. Era el pasado que me interpelaba. Parece una cursilada, pero así fue.

Allí estaban Armando, Pose, Santiago el de La Moderna, Manso a los que conocí y reconocí de inmediato y también Tino y José Luis que me eran muy familiares aunque no recordaba ni su nombre ni mi relación con ellos. Seguramente Piti el fotógrafo pasó por allí y, como tantas veces, al grupo de reunidos le pareció oportuno hacerse una foto sin motivo alguno especial, solo por el placer que proporcionaba la espera para ver cómo de bien habían quedado en la foto, que pagarían a escote cuando Piti la hubiera revelado. Había que aprovechar que estaban vestidos de domingo y que no había mucho más que hacer, un día lluvioso de invierno, quizá reunidos allí sin más objetivo común que resguardarse de la lluvia o intentar adivinar de qué iba la película a partir de unos pocos fotogramas que se exponían protegidos por una tela metálica de gallinero, entre la tienda de periódicos de Baquero y la frutería de la madre de mi amigo Tinito. ¿Cuántas veces habría hecho yo lo mismo? Lo mismo era pedir a Piti que nos tirara una foto porque sí o preguntarse ante la cartelera si la película merecería la pena o ponerme a cubierto en aquellos tediosos y lluviosos días de invierno. Fue como verme a mí mismo en aquel mismo sitio sesenta años atrás, con vestimenta similar, peinado parecido e igual de desocupado que ellos. Vamos, como si me hubiera subido a la máquina del tiempo. En la imagen todos miran a cámara salvo Armando que parece ignorar al fotógrafo, pero no es casual. En todas las fotos suyas de la época que conozco adopta la misma posición ladeada para ofrecer su perfil más favorecedor. No en vano era el Danny Zuko del pueblo, el mejor tupé de la comarca y jefe de la cuadrilla T-Birds de Villablino. Si la historia de Grease hubiera transcurrido en Villablino, Armando le habría birlado la chica al mismísimo Travolta.

Alumnos de cuarto curso de la Academia Carrasconte de Villablino delante del atrio de la iglesia de Villarino del Sil. Acompañaban a don Urbano para cantar la misa solemne del día de la fiesta. De pie por la izquierda: Luisa Ribera López, Emilia, Constantino, Manuel Lema Pose asomando la cabeza, don Urbano, ¿Mercedes? y Felipe Fernández Magadán. Delante del cura Javier Martínez Cuadrado. Agachados: Ángel García González y Tomás.

Alumnos de cuarto curso de la Academia Carrasconte de Villablino delante del atrio de la iglesia de Villarino del Sil.
Acompañaban a don Urbano para cantar la misa solemne del día de la fiesta.
De pie por la izquierda: Luisa Ribera López, Emilia, Constantino, Manuel Lema Pose asomando la cabeza, don Urbano, ¿Mercedes? y Felipe Fernández Magadán. Delante del cura Javier Martínez Cuadrado. Agachados: Ángel García González y Tomás.

La foto siguiente también me sacudió interiormente. Allí estaba la cara más que risueña del cura don Urbano, que tantas veces nos habló en la Academia Carrasconte de las fabulosas historias de la Biblia (ver Mane, Tecel, Fares), con un tono muy alejado del amenazante de don Gildo (ver Don Gildo y don Veribaldo), el interventor de nuestras almas que veía en cada uno de nosotros un firme candidato al Infierno. Sus sempiternas gafas oscuras, casi de ciego, no consiguen anular su aura optimista y de buena persona. Espero que me haya perdonado el calentón que le dimos a su moto (ver La Guzzi de don Urbano) en el campo de fútbol de Sierra Pambley intentando emular a Luisma el de la gasolinera. Si algún día me lo reprochara, diría en mi descargo que su hermano Mauro no nos lo puso nada difícil, más bien al contrario. Seguramente en la Guzzi se desplazaba a Villarino del Sil (creo que antes era del Escobio), escenario de la foto con el fondo del angosto valle del Sil tras haberse engullido las aguas del río de Los Bayos y Caboalles. Todas las caras me resultan familiares y reconocibles como los del curso siguiente, con un trato distante como correspondía al estatus que un año más aportaba. Algún percance académico de Felipe hizo que coincidiéramos en algún curso posterior. Con quien más me relacioné fue con Javier Martínez Cuadrado, el bailarín más estrambótico de nuestros guateques (ver Coplillas de ciego), sobre todo cuando los dos fuimos los únicos de la Academia Carrasconte en hacer Preuniversitario en León. Algunas tardes venía a estudiar conmigo a mi casa de Ramiro Valbuena. Luego le perdí la pista.

1959 Villablino, campo de fútbol de Sierra Pambley. Tradicional partido entre el Instituto Laboral y la Academia Carrasconte el día de Santo Tomás de Aquino.
Equipo de la Academia. De pie por la izquierda: Conrado, Manolo “El Babiano”, Julio Martínez Pestaña, Manuel Lema Pose,  Ángel Valencia López y Alfredo González Chimeno.  Agachados: Tino, Quique Fdez Llanos, Armando López Suárez, Agustín Cosmen de Lama y ¿?.

El escenario de la última foto que Manuel Tercero sitúa en 1959 es el campo de fútbol de Sierra Pambley, el único que conozco con dos pendientes. Una transversal cayendo hacia el valle del Sil y otra longitudinal que descendía en dirección a Rioscuro, lo que seguramente hacía muy difícil discernir cuál de las dos porterías era más ventajosa. Pero con todo podía la juventud de aquellos futbolistas y la rivalidad entre el Instituto Laboral y la Academia Carrasconte que alcanzaba su clímax cada festividad de Santo Tomás de Aquino. De la Academia son los aguerridos futbolistas de la foto, que pone en evidencia que el material deportivo era escaso pues no había camisetas para todos, los calzones se los había traído cada cual de su casa y Manolo, “El Babiano”, tuvo que oficiar de portero con su pantalón de pana de diario y jersey de lana. Unos con botas de fútbol, otros con zapatos normales y hasta con deportivas. Un revoltijo de futbolistas de varios cursos. De mi curso eran Conrado, Manolo, Armando con los que conviví largas horas en clase y Agustín que, además, era amigo de los de a todas horas. Con los de los otros cursos compartí aula forzosamente pues era usual que en la misma hubiera un curso con un profesor dando clase y vigilando al otro curso mientras estudiaba. Eran situaciones en las que la última fila del curso que daba clase era fronteriza con la primera del otro curso y propiciaba la confraternización entre distintos y a veces la aparición de conflictos. Recuerdo haber coincidido en ocasiones con Chimeno que me enseñaba orgulloso su reloj Bulova y algunas veces compartí con él largos castigos arrodillados en el pasillo central, casi en penumbra, de la planta alta, para purgar alguna indisciplina colectiva. Con nuestros culos jóvenes aposentados en las duras piedras de la tapia, esperábamos impacientes a que el fotógrafo disparase la foto, pero debía tener alguna dificultad con el encuadre porque Armando, que está encajado entre dos compañeros que le dificultan ponerse de perfil como en todas sus fotos, no para de forzar el cuello intentando salir por su lado bueno. El duro Danny Zuko no baja la guardia nunca.

Manuel Tercero resultó ser Manuel Lema Pose y sus tres magníficas fotos un formidable motivo para recordar cosas que aparentemente había olvidado, pero que alguna vieja neurona mantenía latentes a la espera del estímulo adecuado. Gracias Manuel por tus fotos, que resumen muy bien cómo éramos.

Imágenes gentileza de Manuel Lema Pose.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

Una imagen, mil recuerdos (de oficio, mirones)

Un parador nacional en Villablino?

Esta imagen que yo recordaba como telón de fondo del Campo Municipal de Villablino, la encontré en el blog Nostalgiayeso que hablaba que estaba al borde del derribo porque no llegaban los dineros prometidos que lo convertirían en parador nacional. Yo lo conocí durante su construcción y vi como permanecía cerrado durante años con un aspecto rutilante, a estrenar, y su sillería de granito sugería que duraría por generaciones. Me parecía un edificio majestuoso que quizá no tuviera la ranciedumbre de otros paradores instalados en castillos medievales o monasterios, pero creo que tenía empaque suficiente para albergar un pequeño parador de montaña desde el que disfrutar la “chepa” del Cuetonidio y el valle del Sil.

Durante años la única utilidad conocida fue la instalación en sus soportales de un chigre durante las fiestas de San Roque. Cada poco oíamos que allí se trasladaría la Academia Carrasconte desde la carretera de Rioscuro y los alumnos carrascontinos nos imaginábamos lo que sería aquel inmenso patio de recreo, acostumbrados a jugar en la misma carretera a Rioscuro o en el prado en cuesta que había entre la carretera y el camino al barrio de Colominas. Imaginábamos clases grandes y bien calefactadas que nos hicieran olvidar los fríos del aula “la nevera” y en número suficiente como para no tener que compartir aula con otro curso como hacíamos habitualmente. Y seguro que tendría varios váteres donde no sería necesario amontonarse a la salida al recreo en aquellas meadas colectivas en el único retrete que teníamos, de las que salíamos con los zapatos y la bajera de los pantalones salpicados. Pero por más que se hablaba de ello, el anhelado traslado nunca sucedía y nunca oí razón alguna que desaconsejaran convertir aquel espacio en patio de recreo. Quizá alguno pensó que mientras el toro Sultán necesitara paseos relajantes entre monta y monta de las vacas, novias a la fuerza que le traían a diario a su picadero del Campo Municipal y que llevaban al límite sus capacidades de semental, no convenía que los escolares fueran testigos de tan escabrosos encuentros, contradictorios con la abstinencia sobre el imaginar y obrar que nos inculcaba a machamartillo don Gildo. Quizá también influyó valorar que si coincidía nuestro recreo con la llegada de los alumnos del Instituto Laboral que, enfundados en sus monos de mahón azul realizaban las prácticas de carpintería en los talleres que había en un costado del campo, pudiera surgir algún conflicto pues era sabido que a ellos les atraían “nuestra chicas“. Demasiada tensión sexual para un patio de colegio que debió inclinar el ánimo de los próceres hacia la prudencia y el mandato que asumían de velar por las buenas costumbres.

También pudo ser que fuera incompatible el recreo de un par de cientos de escolares con los múltiples usos a que se destinaba aquel espacio que todos conocíamos como Campo Municipal. Al ver la fotografía se han disparado infinidad de recuerdos de lo que allí vi y pasé. Vivíamos a una manzana del Campo Municipal y solía acercarme a diario en busca de entretenimiento, pues siempre había chavales que habían hecho novillos o que simplemente no iban a clase ni trabajaban, dispuestos a echar una partida al irio o jugar al fútbol (ver El Campo Municipal). Siempre había allí gente desocupada esperando que sucediera algo y contribuir con su presencia a realzar el suceso que luego trasladarían al resto de la comunidad en calidad de testigos. Era una época en que mirar lo que sucedía alrededor era el principal entretenimiento de todos nosotros. No había televisión que nos sujetara en casa y la calle era el lugar donde sucedían las cosas. Allí estábamos los mirones para contarlo.

Cuando llegué a Villablino en 1954, el Campo Municipal acogía en otoño la feria de ganado, con los animales atados a los cables de acero que circundaban dos de sus costados y que nos servían a los chavales para ejercitar los músculos del equilibrio. Allí se aposentaron todos los circos que recuerdo pasaron por Villablino, cuyo espectáculo para los mirones empezaba mucho antes que los payasos salieran a actuar y que durante un par de días nos reunía a todos los curiosos para ver como elevaban la carpa, un espectáculo que nos parecía incluso más interesante que lo que luego sucedería en la pista. Nada más terminar la última sesión comenzaban el desmontaje y a la mañana siguiente los mirones que acudíamos a ver la maniobra nos encontrábamos que no había nada que mirar, salvo los desperdicios que daban fe de que allí habían convivido espectadores, payasos y animales más o menos fieros. La frustración por no tener nada que observar la combatíamos afanándonos en emular sobre los cables las piruetas que habíamos visto a los equilibristas. Cuando empezaron a ser habituales los coches y motos en las calles de Laciana, allí se hacían los exámenes de conducir y todos los desocupados del pueblo observábamos el nerviosismo de los candidatos a motorista, haciendo comentarios en voz alta sobre los ejercicios que hacían bajo la mirada atenta del examinador, y exteriorizando nuestra alegría si el ejecutante lo hacía bien y era amigo o choteándonos de cada incidente que protagonizaban aquellos examinandos de los que no éramos tan partidarios.

En las fiestas de San Roque el Campo Municipal se convertía en el centro del pueblo y se llenaba de casetas de tiro, tómbolas, atracciones y una vistosa orquesta tocaba sobre una tarima instalada según se entraba a la derecha. Allí pasamos las vergüenzas de los primeros bailes y tras las afrentosas calabazas de las chicas, solíamos dar reposo al espíritu contemplando la actuación de los músicos y del vocalista que intentaba fascinarnos con su voz y aires de galán de cine moviendo seductoramente las maracas. No había otro momento del año para disfrutar la música en vivo y los mirones aprovechábamos la ocasión.

En el mismo lugar donde la orquesta nos había inducido a mucho mirar y poco bailar, solía instalarse una pista de coches de choque con los altavoces a tal volumen que impedía oír lo que te decía el que tenías al lado, repitiendo machaconamente la canción “Oberena, es la peña de más alegría, la que no tiene rival….”, seguramente con intenciones anestesiantes. No sé si los dueños eran navarros o habían llegado a la conclusión de que aquel himno combinado con el efecto alucinógeno del chisporroteo que los coches provocaban en la malla metálica del techo, sumado a los gritos de las chicas, mezcla de excitación y agobio por el incesante entrechocar de los otros autos contra el suyo, provocaba en todos los mirones que circundábamos la pista la necesidad imperiosa de comprar otra ficha y demostrar que eras el mejor persiguiendo a las chicas con tu bólido. Aunque casi siempre era mucho mirar y poco perseguir chicas, allí dejé una buena parte de lo que ganaba como cobrador de anuncios de publicidad del periódico La Montaña Leonesa. El himno sanferminero me tenía clavado durante horas a la plataforma que circundaba la pista, contando al tacto las monedas que me quedaban en el bolsillo y manteniendo una lucha a muerte contra la pulsión que me pedía subirme a uno de aquellos trastos acosadores. Solo dejaba de ir por allí cuando en la lata de cigarrillos King Edward que me servía de hucha ya no quedaban caudales, pero aún así el himno sanferminero me perseguía inclemente hasta donde estuviera, al modo incitante de la musiquita con que las máquinas tragaperras recuerdan su vicio a los ludópatas.

Podría seguir contando otros muchos recuerdos que me asaltan, pero seguro repetiré cosas de las que ya he escrito y no quiero aburrir. El hoy desastrado edificio era testigo mudo e inútil del ocio de tanto mirón desocupado o cómo jugábamos al irio y al hinque. Es una paradoja que la antigua academia Carrasconte haya sido remozada y tenga una tercera vida (antes que academia fue cuartel de la Guardia Civil) como residencia de mayores y este edificio que siempre me pareció sólido y duradero se vea en la foto desastrado y algo inclinado hacia la derecha como si hubieran cedido los cimientos. Dicen que está al borde de ser derruido. Al ver la fotografía he tenido la misma sensación que cuando en el espejo me veo cascajoso y desnivelado. Haciendo de tripas corazón, me consuelo pensando que si sólidos edificios de granito se ven así con poco más de cincuenta años, no debería exigirles demasiado a mis propios huesos.

Imagen tomada de: nostalgiayeso.com

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

Jirones XVII. 1962-63 cuarto curso en el Instituto Laboral – 2da parte

Autor: FEDE GARCÍA 30 de Marzo 2015

1961. Fede García González con un compañero en el campo de fútbol de Villablino.

1961. Fede García González con un compañero en el campo de fútbol de Villablino.

…entrando ya en la primavera, despacio, de modo tranquilo, continuaba la actividad diaria y semanal de FEDE, de modo rutinario, resuelto sin demasiadas pretensiones entre las obligaciones domésticas habituales, deberes del Insti, desplazamientos reglados y preocupaciones de niño-adolescente que intuía serían de difícil solución. Día tras día, rozando en ocasiones la paranoia por no llegar a la hora al Insti, dado que llegar tarde significaba tener que llamar previamente a la puerta del Aula de turno interrumpiendo la clase, con una pregunta que todo el mundo oía ¿Da Usted su permiso…? y que dependiendo del profe o profa que estuviera de turno, suponía o una bronca, o un consejo amable, o un ¡Que no se repita…! tras haber intentado previamente, justificar y explicar con voz inaudible, el motivo imaginado o real de tal incumplimiento horario. Una vez autorizado y permitido el paso, lo más discretamente posible ocupaba el pupitre sin el menor ruido, tratando de que el compa de al lado o de de delante te chivara en susurros, por donde iban las explicaciones del profe en esos momentos.

Si recuerdo, que un día a la mañana, saliendo del Aula, para dirigirnos creo, que al recreo empezó a circular un rumor de boca en boca, que dejó en suspenso a parte de los compas: ¡HABIAN MATADO A KENNEDI…! EL 22 de Noviembre de 1963… Es verdad que al tal KENNEDI, le conocíamos por la prensa, los diarios del Régimen; ARRIBA, El PUEBLO, el diario de León, así como por los partes de Información de Radio Nacional de España, del medio día y de la noche.

Los comentarios sobre este tema, eran los propios de unos jóvenes, todavía algunos con pantalón corto, de los de medio muslo, una especie de leyenda, como las que escribía M.L. Estefanía y otros en las novelitas del Oeste, que se cambiaban en el Quiosco, y en la Plaza, en la tienda de la Señora Nemesia, donde por cierto, estaban las carteleras de anticipo del Cine Muxiven.

Unos compas decían, que como iban a matar a KENNEDI los propios yanquis. Tenían que haber sido los Rusos, que además eran comunistas, ya que el Régimen habitualmente utilizaba de sparring como explicación suficiente y necesaria, desde las cuestiones más absurdas hasta las puramente imaginadas, a los Rusos, los Comunistas, los Gitanos, los Judíos, los Protestantes, siempre que le viniera bien.

Todo ello lo pudimos ver en la llegada de la Televisión en Blanco y Negro, a Las Colominas, al menos. En otros chigres y tabernas de Villablino ya había Televisiones. Era un aparato enorme, con una antena de cuernos, que había que reorientar cada poco debido a las interferencias habituales.

La verdad oculta de este suceso, por cierto nunca se supo. No la podíamos imaginar. De hecho, tantos años más tarde, la incógnita sigue sin haber sido resuelta, en el País de las Mil Maravillas.

Lo más fiable, por otra parte, era lo que informara Radio Pirenaica, o Radio Internacional de España, sobre este suceso. Había que esperar a la Ratificación de la noticia por estos medios, y escuchar las versiones contradictorias de unos y de otros, para no tener nada claro al final lo que había sucedido, y mucho menos sobre el quién y el porqué.

El curso, también transcurría en actividades más prosaicas y de actividades derivadas de la asignatura de Gimnasia y de la Formación del Espíritu Nacional (FEN). En Gimnasia, por ejemplo, se llevaban a cabo las prácticas semanales de esta asignatura, los sábados creo, en las instalaciones del propio Instituto en los locales que estaban bajo los Talleres de Tecnología. Las prácticas siempre había que llevarlas a cabo en ropa de Gimnasia, (Chandals no había), pantalón corto de deporte blanco y camiseta de tirantes de las de toda la vida. El Profe, compatibilizaba sus clases de Gimnasia, con las lecciones de la asignatura pro-régimen FEN. No le recuerdo por ser un convencido propagandista del régimen de Franco, esa era al menos mi impresión de adolescente.

Las instalaciones de Gimnasia disponían de un plinton regulable en la altura, de un potro de dos asas, de una soga de altura sin nudos, y de unas instalaciones de gimnasia de pared. El profe dirigía al grupo de alumnos en formación militar, haciéndonos pasar a todos por las distintas actividades que tuviera establecidas en el orden del día: Saltar uno tras otro el Plinton, o el Potro varias veces por sesión; subir a pulso por la cuerda dura, calificando a los compas según la altura alcanzada a pulso puro en un tiempo determinado, sin ayuda de los pies. No todos lo lograban. La mayoría teníamos que ayudarnos de los pies, para subir uno o dos metros..

Incluía esta asignatura las tablas de gimnasia en el Patio del recreo, en perfecta formación, los días que el tiempo lo permitía, ante las miradas curiosas de los demás clases, que estaban en sus aulas, con algunas sonrisas extrañas al vernos a todos en pantalón corto de gimnasia. Esas tablas de Gimnasia en días señalados, se llevaban a cabo en demostraciones públicas en ocasiones señaladas en el Pre-campo de Fútbol del Laciana, en la carretera de Villager a las Rozas y a la Estación del Tren de Villablino.

Incluían, también, estas actividades pruebas de selección para las competiciones entre Institutos locales y provinciales, en materias como los 100 metros lisos, relevos de 400, salto de altura, etc.

Quedar seleccionado en estas pruebas entre el primero, segundo y tercero, en cualquiera de estas disciplinas suponía poder viajar a Ponferrada a competir con otros Institutos, y después a León. Fede “El Rubiajo” quedó el número UNO en los 100 metros lisos, en las previas locales, y también Miguel Ángel Herrero de Caboalles de Abajo, compa personal, quedó el número Uno en salto de altura. Lo que en ambos casos significó que nos llevaran de ¿Excursión…? junto a otros compas,  a Ponferrada para las pruebas inter-Institutos, en el Tren de Vapor habitual.

El viaje de ida a Ponferrada era una aventura singular, porque significaba que no había clase. Nos llevaban de aventura a gastos pagados, pero con el bocata de tortilla con cebolla en el petate. Además, competíamos entre iguales, no nos acompañaban los padres, y nos daban paga extra en casa: uno o dos duros: es decir cinco o diez pesetas al que menos, que después cada cual empleaba como le parecía mejor. La mayoría optaba por mancomunar los dineros, para adquirir un paquete de rubio americano-especial: Chéster Field.

El viaje de ida, una hora y media, entre humo, traqueteos y el control inevitable del Sr. Revisor o Pica/Pica en un tren de vagones originales de madera de roble claro, en tercera clase, con ventanillas regulables a golpe de guillotina, era un hervidero de comentarios, chismes, chistes y canciones de cierto nivel rompedor, que sin la presencia física de Don Gildo, nos parecía que la libertad y la efervescencia adolescente  eran compatibles y se podían desbocar sin sujetadores amenazantes en forma de sanción, o de reprimendas concretas de muy difícil aceptación, por parte del mismo

La vuelta a la tarde en el mismo tren de la M.S.P. era distinta. El cansancio normal, la liberación de las tensiones, y las competiciones con otros iguales, al margen de los resultados deportivos, mostraban un cuadro general de representación deportiva del Instituto Laboral de Villablino “Obispo Arguelles” en orden de retirada, sin mayores blasones que los de la dignidad intacta.

En salto de altura, destacó, Miguel Ángel Herrero, y eso significó poder acudir a las competiciones en León. La expedición al terminar el curso, allá en Julio del 1963, fue en Autobús. Fueron tres o cuatro días, y nos instalaron en unas tiendas de campaña militares por grupos, con un responsable de tienda local de la OJE. (Organización Juvenil Española) del Frente de Juventudes. Miguel, dos años mayor que yo, no durmió la noche anterior en su tienda. Se extrañó con otros colegas de más edad, y pasaron la noche por la parte antigua de León buscando aventuras, o lo que hiciera falta. Sin embargo, aún siendo las competiciones el día siguiente, en la prueba de Salto de Altura, quedó el segundo, porque al parecer, por indeterminadas manipulaciones de procedimiento, le dieron el primer puesto al segundo y en consecuencia el segundo premio a Miguel..

Aún así, cabe recordar, que el Sr. Profe, con el manual en mano del programa de su asignatura, tenía sobre la mesa fechas señaladas en rojo en el Calendario educacional del momento. Entre estas fechas: 1 o Primero de Octubre ¡DÍA DEL CAUDILLO…! Día que se vendía a la parroquia de adolescentes como el dia 1 de.Octubre de 1936, fecha en que no se sabe por quién le habían nombrado Jefe del Estado.

Otro día de rojo-colorado: 12 de OCTUBRE, día de la HISPANIDAD, día en que el ¿Almirantazgo de C.C. (Cristóbal Colón…) de tres carabelas FELIZMENTE  habían arribado a las costas de un nuevo mundo?.

Día 29 DE OCTUBRE – ¡Día de la FE!… Fundación de la Falange por un tal José Antonio Primo de Rivera, aquel señor muy serio, y repeinado hacia atrás, en mangas de camisa azul oscuro, siempre con los brazos cruzados, que hacía pareja en los cuadros de la escuela que colgaban en la pared con otro señor con cara de circunstancias…

20 de NOVIEMBRE: Dia de José Antonio y de los Caídos. Día especial donde al parecer, se debía vestir los edificios públicos con la bandera rojo y gualda, exponiéndola con crespones negros de luto por la patria, dado que el susodicho J.A. ofrendó su vida a la patria. Los Caídos – nunca el Profe nos explicó quiénes eran – pero si nos sugería que rezáramos en común la oración siguiente en honor del tal J.A.P.R. y otros caídos, además. Naturalmente no era obligatorio el rezar

…Señor y Dios nuestro,
José Antonio esté contigo.
Nosotros queremos lograr aquí
la España difícil y erecta
que él ambicionó.
 
Nos guía el Caudillo.
Señor, protege su vida
y alienta nuestros esfuerzos
hasta que cumplamos esta consigna suprema:
Por el Imperio hacia Dios. (1)

Día 8 de Diciembre: DÍA LA MADRE. Fecha declarada e instituida en régimen de propiedad vertical por el FRENTE DE JUVENTUDES, porque al parecer, la fiesta de la ¡Inmaculada concepción de la Virgen María..! era un fiesta tan hermosa y tan española…que había que utilizarla para honrar a las madres biológicas de turno. Es decir, a la de cada uno en particular. Inaudito, por supuesto, era  siquiera pensar que la Señora María, madre de algunos más, concibiera un ser humano como la biología manda.

…Día 9 de FEBRERO: Día del ESTUDIANTE CAIDO. Si nos explicaron, que un tal Matías Montero, un día aciago para él en Madrid, era un día en que repartía propaganda clandestina de la FALANGE y acabó tiroteado.

… Día 1 de ABRIL: DIA DE LA CANCION. Es el día, 1 de Abril de 1939, en que el Sr. Franco, el de la mirada perdida del cuadro de la escuela, anunció que la Guerra había terminado con la victoria de España, anunciando un amanecer de paz, prosperidad y grandeza… De nuevo el Frente de Juventudes (FJ) canta y anima a cantar en las escuelas para honrar el día de la canción y de la victoria, entonando marchas con el propósito declarado de caminar hacia ¡nuestra perfección…! con estrofas del siguiente corte:

Volverán banderas victoriosas
al paso alegre de la paz
y traerán prendidas cinco rosas,
en el yugo de mi haz… etc.

2 de MAYO…DÍA DE LA INDEPENDENCIA… Justificaban tal día, en recordar, que un 2 de Mayo de 1808, vecinos y vecinas de Madrid, se alzaron contra las tropas de Napoleón, que vino a reafirmar a su hermano en el trono del País de las Españas, tras previa renuncia y entrega pactada en Bayona del Rey Fernando VII – el pusilánime – de los arreos monárquicos… porque al parecer tales tropas habían venido como amigas… pero la ciudadanía local ¿adivinó? el engaño y, además, adivinó que la amistad era fingida, y sin armas, se sublevó encendidos de amor patriótico hasta pelear un par de horas…su sacrificio no fue estéril, al parecer… porque murieron por la sagrada independencia… como ya, antiguamente lo habían hecho con las armas en la mano contra los moros, romanos y contra los cartagineses… (Curiosa capacidad de pueblo de Madrid de viajar en el tiempo incluida la marcha atrás)

30 de MAYO. DÍA DE LA JUVENTUD…Festividad del santoral que corresponde a San Fernando, ¿Rey de España…? Conocido en la Historia convencional como Fernando III el SANTO, al parecer por su valor y santidad, y por ello fue elegido para SANTO PATRON DE LA JUVENTUD DE ESPAÑA, por razones tan contundentes e incontestables como las siguientes:  “porque fue llano, sencillo, afable, amigo de sus soldados y padre de sus súbditos; porque jamás desenvainó su espada sin justicia: porque batalló sin descanso por la grandeza de España y la Gloria de Dios..” En conclusión había que imitarle en el valor y las virtudes del mismo como Santo Patrón, pidiéndole, además que nos ayude a ser: MITAD MONJES-MITAD SOLDADOS, como el dicho José Antonio Primo de Rivera proclamaba a fin de hacernos fervientes en el servicio de Dios y de la Patria…

Con este panorama, transcurrió la segunda parte del cuarto curso, entre los sobresaltos de la edad de transición comunes, las preocupaciones, por ver como se afeitaba el padre con puro jabón de brocha, y maquinilla de cuchillas reciclables por necesidad, de las que se compraban de una en una, se limpiaban y se volvían a utilizar, tras pasarlas por el cuero de afilar, y comprobar que al segundo o tercer afeitado, Pedrosa “ El Barrenista”, aparecía con la cara festoneada por uno, dos o tres, trocitos de papel de los de fumar atrapados en la parte auto-afeitada.

Las notas finales de Cuarto Curso 1962/1963, fueron superadas, con nervios y algo de dignidad: Tres notables: Lengua, Dibujo y Ciencias Naturales. Las demás asignaturas: Mates, Geografía e Historia, Formación Manual, Formación religiosa, Educación Física, FEN (Formación Espíritu Nacional, Ciclo Especial-Cultura Industrial, Inglés y Religión de Tercero (repetida con Miguel Ángel Herrero- vía Don Gildo) sirvieron para poder enfrentar el próximo curso, ya QUINTO con su reválida pertinente, con preocupación y desasosiego.

Por supuesto el fin de curso, tuvo su viaje previa recogida de aportes económicos, pro-viaje de estudios de rifas participadas con un número del Sorteo de la Lotería Nacional, que se endosaban en general a los propios, aunque se intentaba colocarlas a los ajenos a la salida de Misa Mayor de los Domingos en la Iglesia Parroquial de Santa Bárbara en Villablino, cuyo párroco y profesor en ejercicio: Hermenegildo Cachón Cordero, vigilaba atento cualquier movimiento que atentara en sus dominios contra la singularidad de la Misa Mayor. El viaje de fin de curso fue a Santiago de Compostela.

Quedaba, de todos modos el verano por delante y demasiados grillos y saltamontes que buscar en los prados vecinos, las excursiones a las pozas del Sil, las meriendas y comidas familiares en la Devesa, los viajes de acompañante a Alberto El Pellejero en su furgoneta verde-oscura por las pueblos cercanos, las madrugadas con el padre a por leña (siempre transportada al hombro, en haces) los domingos temprano, y también azadillo en mano, subir a las brañas de Rabanal a por raíces de genciana  que por sacos las compraba el Sr. Alberto, para secar y vender a laboratorios y empresas de Barcelona.

(1) Texto de la enciclopedia escolar:  FARO de QUILIANO BLANCO HERNANDEZ) – Editorial Sánchez Rodrigo- Plasencia-Cáceres)

Jirones XIV. 1961-62 tercer curso en el Instituto Laboral – Velo quemado

Autor: FEDE GARCÍA 9 de Noviembre 2014

1963 Catoute – Don Gildo y alumnos de cuarto curso del Instituto Laboral. El autor, Fede García, con sombrero.

1963 Catoute – Don Gildo y alumnos de cuarto curso del Instituto Laboral de Villablino. El autor, Fede García, con sombrero.

En el tercer curso 1961/1962, seguía asignado al número de identificación “Veinte y cinco” – venticinco – (25). Los compas del curso anterior seguían siendo los  mismos, que con mayores o menores dificultades habían logrado superar los inconvenientes de los exámenes de Junio y para los ”Repes” los de Septiembre, tras un verano de los de rienda suelta y libertad al por mayor.

Veranos de escapadas a la Devesa, a las campas del Molinón, a comer brunas por los espinares linderos de las praderías vecinas y de los caminos a Rioscuro y al Molinón. A comer ciruelas salvajes, cerezas muy rojas con un sabor que aún hoy recuerdo, manzanas cuyo aroma está presente; a bañarse en las pozas del Sil, en la Concha, en el Largo y otras pozas de aguas frías, cristalinas y limpias, donde en ocasiones dependiendo de la situación del Sol, se podía entrever con claridad el fondo de las pozas, y donde se jugaba a contar las veces que rebotaban sobre el agua unas piedras planas ovaladas como botones grandes de abrigo  lanzadas por cada uno a su gusto, como prueba de habilidad y de competencia natural entre iguales. Veranos de hierba segada a guadaña limpia, que una vez seca, era acarreada en los carros de ruedas con refuerzos de rodada de hierro siempre brillantes, hasta su destino en el pajar de turno, entre en ocasiones, la ayuda voluntaria de los rapaces  y guajes, que sarda en mano ayudaban a desmontar la obra de ingeniería de hierba seca, que el par de pacientes vacas de cuernas largas y colores claros, de las de arrastre de carro habían trasladado desde los prados a los pajares, conducidas casi siempre por las mujeres de pañuelo a la cabeza anudado en la nuca, gobernadas por una larga vara de dirección, de las de avellano de siempre, con punta redondeada por el uso y una pequeña puya de hierro, que recuerdo, casi nunca la utilizaban, por las trochas y caminos de carro..

Pero el verano siempre fue una tregua breve, entre curso y curso. Volver en Septiembre a la lógica del despertador de cuerda y tic-tac permanente, no resultaba imposible, pero sí era preocupante, dado que de las caras de los conocidos del curso anterior, aunque distendidas, siempre aparecían adornadas con rictus de nostalgia, dada  la brevedad del tiempo de libertad ido y consumido de forma voraz y precipitada.

Ya ubicados en clase y pasadas las naturales efervescencias de los encuentros, el curso empezaba a rodar sin mayores contratiempos, entre ellos, la solicitud de las beca que había que solicitar a la Delegación Provincial de Protección Escolar de León, y que en el curso presente ascendían a 3.600 pesetas, y que se abonaba por trimestres a partir del 1 de Octubre  hasta el 30 de Junio. Su concesión estaba condicionada a acreditar mediante certificación al efecto, que se pagaba o no se tuviera que pagar, la contribución Rústica, Urbana e Industrial, por parte de los miembros de la familia que constaban en la Instancia de Solicitud previa. En el caso de FEDE “El Rubiajo”, tales contribuciones no procedían, y por tanto, si me concedían dicha beca.

La condición de becario, se podía perder parcial o totalmente, siempre que el becado, entre otros deberes, no observara una correcta conducta académica, social y moral en todos sus actos, de modo que sirviera de estímulo a los compas restantes, además de colaborar activamente en la disciplina, las indicaciones y  órdenes que se recibieran de los Profes-tutores, Jefes de Estudio y Director del Centro, etc… Sorprendentemente, nunca me retiraron la condición de becario.

Los días, el curso, las asignaturas, los deberes, las responsabilidades, se iban estabilizando de modo natural. Las relaciones entre iguales de curso, de vecindad, o de amistad de oportunidad, estaban condicionadas a los intereses de ocasión de algunos compas, que a toda costa deseaban ser el centro de atención, sin reparar en daños ni en gastos: simplemente eran, a mi parecer por su parte de intentos fallidos de sobresalir a cualquier precio, aunque éste fuera el de la amistad personal…

Entre ellos destacaba en mi caso; Miguel Angel Herrero, de Caboalles, dos años mayor, que se sumó al curso, procedente creo, de otra Institución. Hicimos y fraguamos una buena amistad. Miguel Ángel se sentaba, casi siempre en la fila posterior a la mía, porque Fede era el único que le pasaba notas de apoyo en las respuestas a los problemas de Mates, ante las dudas del mismo en estos temas. Nos unía también el testigo común de Don Gildo, porque en ambos casos y por distintas razones, nos había impuesto, deberes extraescolares: TRES meses de Monagillos en las misas diarios de “OCHO” en la Iglesia de Santa Bárbara, antes de entrar al Insti. En mi caso, Don Gildo, fué más clemente: me sancionó Un mes, para realizar la misma función de monaguillo.

Ambos intentamos inutilmente por cierto, cumplir con la sentencia clerical de modo colectivo, porque en la Misa Mayor de Domingo, siempre había dos monagilllos. Lo intentamos en vano. No había posibilidad de negociar nada. Con Don Gildo, no cabía ni recurso, ni zarandajas adolescentes.

Miguel Ángel, debía además en pleno Invierno, ser puntual a misa de Ocho, lloviera, nevara o helara, que era lo común en Invierno. El desplazamiento desde Caboalles lo hacia en Bicicleta hasta la nueva iglesia de Santa Bárbara. En mi caso, el recorrido desde las Colominas, hasta la Iglesia, era a pié, a deshoras, prácticamente de noche, porque antes de comparecer en la Iglesia, debía de recoger la Leche, como era la norma.

Lo horrible, es que había que actuar, cumpliendo lo ordenado: Ser Monaguillos, sin saber Latín, porque en esos años las misas y los oficios de Ocho o de Doce, eran en Latín, y los monaguillos debían de saber responder con prontitud y exactitud a las letanías incomprensibles del Sr. Cura Don Gildo, mientras cumplía con su contrato a raja tabla, además había que responder en Latín: Ora pro novis…orapronovis,,,orapronovis. Nadie nos explico, que (ora) no tenía relación con las horas del reloj, ni novis, tuviera algo que ver, con nuevo. Era el precio que se pagaba por estudiar en la modalidad minero-industrial. El Latín, o el Griego, habían sido recientemente desahuciados del itinerario obligado, sustituido, por el Inglés

La fórmula a aplicar en mi caso, a fin de dar cumplimiento al mandato con sentencia irrecurrible, no fue otra que la de tomar nota en un cuadernillo de las respuestas verbalizadas que daban los monaguillos de oficio en misa mayor, con sus tiempos y sonidos y número. Me costó varias misas mayores, estar en la primera fila de los feligreses anotando de modo discreto las respuestas de los mismos: Por ejemplo: Una de las respuestas debidas: hayquengastificarlluventutenmean A Don Gildo, creo que le bastaba, con este refrito de latín tabernario en forma audio. Jamás pude saber en su formulación académica que significada semejante estrofa críptica. Aún hoy, pudiéndolo saber, ha sido tal el influjo casi diabólico de Don Gildo en su momento, que me parece un sacrilegio intentarlo, cincuenta años después.

Lo extravagante, es que había que llegar a la misa diaria de OCHO, media hora antes, porque teníamos la obligación de ayudarle a Don Gildo, a vestirse con las casullas y demás prendas y aditamentos del día, junto a recoger y transportar en una bandeja de plata, los instrumentos para el desarrollo de su actividad: palmatorias, dos pequeñas jarritas de cristal, una con agua, otra con vino especial, unas servilletas con puntillas para secarse los dedos después de haber consagrado las ostias redondas blancas hechas al parecer con harina sin levadura , más una vela, que había que encender, cuando dispensaba en la boca de las señoras, todas de riguroso negro-luto, un trocito de la Ostia consagrada, porque al parecer darles una entera a cada una, ¿sería un sacrilegio?, que acudían habitualmente a misa de OCHO, todas las mañanas. Estas señoras comulgaban todas ellas. Iban con unos velos negros casi transparentes, como los de las medias de las mozuelas en días de fiestas de guardar y domingos, que al arrodillarse para comulgar debían de apartarlos ellas mismas un poco de la cara. En una última ocasión, faltándome unos días para el cumplimiento de la sentencia gildoriana, al ayudar en la dispensa del trocito consagrado por Don Gildo,  a una de las señoras, sucedió que al acercarle demasiado la Vela encendida,  se le chamuscó el velo, de tal modo, que en consecuencia la señora lanzó un grito de sorpresa y enfado, que no fue mayor que el dí yo mismo ante la sonora bofetada que con la mano derecha me soltó Don Gildo, sin previo aviso: Resultado: Dejé todo en el suelo, incluida la sobre-camisola blanca de media talla de monaguillo, y nunca jamás volví.

Pero, mi gran temor iba creciendo, porque una vez a la semana, teníamos clase de Religión con Don Gildo, y la asignatura la teníamos suspendida. Su aprobación dependía del cumplimiento completo del mes de condena en mi caso y de tres meses a Miguel Ángel, a ser monaguillos. Don Gildo, tras el incidente/accidente del amago de incendio del velo de la comulgante, no me indicó en la clase que saliera el último, como era habitual cuando había posibilidad de rapapolvo. Simplemente, la espera a ser recriminado, era la penitencia

Al compa Miguel Ángel, perdida su pista durante años, le sucedió algo parecido, aunque nunca me explicó cual había sido. Quizá, porque era guitarrista de rock, en un grupo que se llamaron “Los Celestes”, y que habían tocado en el prado de las fiestas de San Roque, el mes de Agosto.

Sorpresa: Unos años más tarde y por casualidad, nos cruzamos en Barcelona, en la Calle Balmes creo, porque estaba terminando, me dijo, los estudios para Oficial o Capitán de Marina Mercante y, tras la sorpresa inicial, comprobamos que Don Gildo seguía presente. Volví a contactar con Miguel Ángel recientemente, por teléfono, y de nuevo Don Gildo, salió como si se tratara de un géiser permanente de recuerdos congelados en el tiempo: Me comentó: FEDE, Don Gildo falleció, y cuando lo supe estaba en alta mar como capitán de un mercante. Esa noche invité a toda la tripulación del barco, a una cena especial por mi cuenta, brindando con champán, a  mi salud y a la de todos aquellos compas,  que dejaron los estudios como consecuencia de los abusos intelectuales y malditos del Sr. profesor perpetuo de religión Don Gildo, que descanse en paz, si su conciencia le deja.

Dulce compañía (¿coartada para descerebrados?)

AngelGuarda512

En varias ocasiones he descrito cómo el riesgo estaba presente en muchos ratos de ocio como cuando, con mi amigo Juanjoel Polisia“, nos tirábamos en marcha del tren minero en la recta de Rabanal tal como veíamos en el cine, o cuando me enganchaba temerariamente en la caja de los camiones que pasaban por mi lado subiendo en bicicleta por la cuesta de la estación de Villablino. O cuando emulábamos a los cohetes de la Nasa lanzando hacia el cielo un bote de hojalata al arrimar una llama al gas que se desprendía por la reacción del agua con el carburo, que habíamos robado en los talleres del Instituto Laboral, con grave riesgo para el artillero y los mirones. O cuando en grupo lanzábamos contra un árbol las navajas, que salían rebotadas o pasaban de largo hacía donde alguno de nosotros recogía la suya, que no se había clavado en la madera. La lista de prácticas de riesgo sería inacabable. A veces he pensado que la insensatez con que nos comportábamos pudiera tener algo que ver con el componente fantástico que impregnaba las clases de Religión impartidas por don Urbano en la Academia Carrasconte o los sermones de don Gildo que incorporaron a nuestro acervo conceptos sobrenaturales y promovieron entes como el Ángel de la Guarda. Se nos decía que cada uno teníamos asignado un ser alado y superior cuyo cometido, encomendado por el propio Dios, era velar por su protegido incluso aunque estuviera en pecado. Era una especie de guardaespaldas celestial que cuidaba de su “angelito” humano siguiéndole a todas partes. El concepto está bien representado en el grabado de cabecera, donde un ángel vela por unos niños que cruzan un puente inseguro sobre un cauce caudaloso. El Ángel de la Guarda nos hablaba, nos aconsejaba, nos ayudaba a superar las tentaciones y nos seguía allá donde fuéramos, pero no estaba autorizado a forzar nuestra voluntad. Aseguraban que nosotros podíamos y debíamos hablarle, que él nos escucharía. Por eso nos encomendábamos todos los días a él al acostarnos “Ángel de la Guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día. No me dejes solo que me perdería”. A juzgar por lo que he contado al principio, el ángel conmigo hacía su trabajo muy bien y solo debía descansar cuando yo cerraba el ojo después de rezar la plegaria con la que le conminaba a seguir pendiente de mis actos. No me explico cómo podía seguirme a todos los sitios donde yo iba, si a veces ni yo mismo sabía dónde estaba. Como cuando exploramos a la luz insegura de una vela, las bodegas abandonadas que había debajo de nuestra casa de Roa de Duero, donde alguno de nosotros pudimos morir ahogados en los numerosos hoyos malolientes de hollejos de uva que había allí o respirando monóxido de carbono. O como cuando nos dedicábamos a explorar a oscuras los extensos muros palomeros que sostenían el tejado del edificio construido en el campo municipal de Villablino donde junto a mi inseparable Juanjoel Polisia” viví uno de los momentos más angustiosos de mi vida, pudiendo habernos quedado allí adentro para siempre, agotados de tantas vueltas como dimos. Buena falta nos hacía el amparo del ángel con lo insensatos que éramos. Aunque si te lo creías a pies juntillas tenía el inconveniente de que podías comportarte más insensatamente aún de lo que propiciaba tu natural condición asilvestrada. Semana tras semana, tanto en clase de Religión como en la Iglesia, oíamos hablar de prodigios y milagros con muertos resucitados, enfermos incurables sanados y panes que se convertían en peces, bajo una fuerte presión moral y sicológica del cura de turno para que te lo creyeras a pies juntillas. Recuerdo cómo nos contaban una de las tentaciones de Cristo en que el Diablo le condujo al pináculo del Templo y le decía algo así “Si eres Hijo de Dios, lánzate desde aquí al suelo, porque Él enviará a sus ángeles que te sostendrán, para que no tropieces con tu pie en las piedras”. Si estabas un poco pirado y no eras capaz de distinguir entre el plano evangélico y la vida ordinaria, podía ocurrir que te desengancharas de la caja del camión más tarde de lo prudente, pensando que no te iba a pasar nada con la ayuda del Ángel de la Guarda. Después de varias experiencias exitosas, te podías convertir primero en un temerario y después en un cadáver o un lisiado. Visto desde esta perspectiva, aún podíamos pasar por juiciosos. Pasado un tiempo, las imprudencias amainaron, dejé de rezar a mi ángel protector y no sé qué habrá sido de él. No sé si ha sido abolido por Woijtila al mismo tiempo que el Purgatorio, o si, habiendo sido abolido, ha vuelto a ser restituido en sus funciones tal como hizo el papa Ratzinguer con el Infierno, donde tiene a Pedro Botero atizando de nuevo las calderas. Es difícil seguir el vaivén de cambios propuestos por estos últimos papas, tan fundamentalistas por un lado y tan proclives por otro a hacer más atractiva a la parroquia los intríngulis del dogma y las entelequias celestiales. Se les ha debido pasar por alto la potencialidad de un símbolo como el Ángel de la Guarda y bien harían promocionándole con algún cómic que le hiciera tan popular como Superman o Batman, héroes de doble vida, que no pueden rivalizar con el ángel custodio ni en bondad ni en ubicuidad. El ángel tiene alas de verdad y no necesita disfrazarse para actuar. Está siempre dispuesto. Le escribiré una carta a Ratzinguer, aclarándole que fui monaguillo para que me considere como colega y no me de la callada por respuesta, para que me aclare si mi ángel aún está en activo. No sé si era verdad lo del ángel, pero era bonito.

(Seguramente, las cosas sucedieron casi tal como las recuerdo. De las sensaciones no tengo duda.)

Imagen tomada de: es.forwallpaper.com

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Autor: Emilio García de la Calzada

Jirones XII. Segundo curso en el Instituto Laboral.

Autor: FEDE GARCÍA 28 de Septiembre 2014

1958 carretera de Rioscuro. Pedrosa "el barrenista", con Fede y sus hermanas.

1958 carretera de Rioscuro. Pedrosa “el barrenista”, con Fede y sus hermanas.

.. La continuidad en el segundo curso de FEDE el Rubiajo, no fue muy distinta, en los quehaceres, responsabilidades, deberes, travesuras varias y relaciones de afinidades circunstanciales por razón de ubicación aular.
Fue, ¿Seguirá siendo…? una práctica de origen militar, el que el número de orden asignado al alumno, que en este caso, seguía siendo el “24”, determinara quiénes iban a ser, tus compas, de frente, de espaldas, a la izquierda o a la derecha, salvo que te tocara al lado de las ventanas, a ambos lados del Aula, en las horas diarias de clase, naturalmente incluidos los sábados por la mañana…

De nuevo los profes y profas se turnaban cada hora, por cada asignatura que correspondiera al programa del día: La mates, la geografía, la historia, la natural y la inventada, el lenguaje, las gramáticas varias, las conjugaciones interminables, las versiones y fábulas religiosas versión-Don Gildo, adornadas cada día con una especie de tensión -tipo permanente- que nunca se resolvía a favor de los alumnos.

Don Gildo, seguía siendo, dentro y fuera del aula, una fuerza presente de larga sombra – y no precisamente, porque llevara sotana negra, muy negra, en cualquier lugar, momento y circunstancia – El temor que su presencia provocaba en general, era y sigue siendo años después, una especie de rastro grabado que no es posible olvidar…

Fuera del aula, – un ejemplo real – un sábado de primavera, a medio día, recuerdo que iba acompañando a mi padre: Pedrosa “El Barrenista”, con “Alberto “El Pellejero”, por la cuesta que va hasta la Plaza de Villablino, donde muy cerca de la misma se encontraba una sucursal del extinto- ¿Banco Central? a donde se dirigía, el Sr. Alberto a ingresar una importante cantidad de dinero en metálico, producto de sus negocios de cueros, pieles, genciana y otras historias. Le acompañaba mi padre, y yo mismo – 11 años – porque al parecer, no se sentía seguro en el trayecto hasta el Banco, y porque de vez en cuando, mi padre le ayudaba en su casona en los trabajos duros de los cueros, siendo yo, el niño, que le acompañaba habitualmente, en una viejísima furgoneta ¿Ford o GMC…? ¿Matrícula BI-…? de color verde oscuro, de las de manivela para la puesta en marcha, por las rutas de los Pueblos de las cercanías para la compra de las pieles y cueros de las vacas sacrificadas en cada caso, por las Babias, las Omañas, los Páramos varios, etc…

Casi por sorpresa, por accidente, o por simple casualidad, no se sabe… Nos cruzamos con Don Gildo, que con su devocionario bajo el brazo, se paró y saludó al Sr. Alberto “El Pellejero”: Buenos días, o Buenas tardes, Sr. Alberto, ¿A dónde se dirige tan bien acompañado, mirando de forma muy especial a mi padre, Pedrosa “El Barrenista”, y a mí mismo, pasando una mano por mi cabeza, removiendo la misma, porque era su alumno y me conocía desde la Escuela… El Sr. Alberto, le contestó: Es Ramón, mi ayudante en los cueros… Sin embargo, no quedaba claro el motivo del encuentro, porque rápidamente, inquirió de nuevo: ¿y este niño tan rubio, no será sobrino suyo…? Nó. Contestó, el Sr. Alberto, es hijo de Ramón, más conocido por Pedrosa “El Barrenista”… No puede ser, este niño no puede ser hijo de un minero, porque además, no le conozco, y porque también, no le veo en la misa mayor de los domingos…
Mi padre contestó, muy despacio y muy tranquilo: Señor cura: A Usted, tampoco le conozco, porque no le he visto nunca en el Pozo Calderón ni en lo Cortes de la mina… Ahí acabó la conversación, ante mi sorpresa y la mala cara de don Gildo, que se dio media vuelta, y no recuerdo, si tan siquiera dijera ni ¡Adiós…!

En cualquier caso, no es que me sintiera marcado, por la especial mirada Azul-acero del Don Gildo, en las clases de Religión, pero yo, sí lo vivía, como si lo estuviera… porque además, sus ¿Fábulas..? en formas de dogmas y creencias varias – muy inverosímiles – para mentes de niños de once años en mi caso, pero doce o trece, de los demás compas, sobre creaciones del mundo, del primer hombre y mujer, según los días de la semana, del calendario gregoriano – inventado algunos miles de años, o millones de años después de la supuesta creación – no dejaba de ser nada más que una especia de cuentos de ficción y de miedo versión A. Poe.

Las incongruencias eran manifiestas: por ejemplo; Si el quinto día, supuestamente creó, el agua, y aves en el aire, como era posible que el sexto dia; ¿Creara todo los animales que viven en la tierra, y también al hombre y la primera mujer…? ¿No son todos animales…?

En cualquier caso, las explicaciones de la creación de la mujer: ¡De una costilla de Adán! Tenía al parecer su explicación lógica, porque en las clase del cuerpo humano, la séptima costilla ¿Flotante…? Lo era porque quedó suelta, al crear Dios a la Mujer, y todas satisfechos, comprobándolo en nuestro propio cuerpo ¡Era verdad…! La Séptima costilla es flotante…

Don Gildo, no dejaba nada al azar. Ese ejemplo demostradamente irrefutable, era aceptado de forma sumisa por la cohorte de alumnos exhaustos ante tan contundentes razones…

No era para menos también, las complicadísimas cuestiones relativas, a los TRIPTONGOS, por ejemplo: Si los formaban las vocales o sílabas. ¿Cuando las palabras eran, monosílabas, bi…, tri…, o polisílabas? ¿Las vocales fuertes o débiles? Los cuatro TRIPTONGOS, en castellano:
Iai * Iei * Uai* Uei *, etc, cuyo desconocimiento, suponía un suspenso seguro en los exámenes parciales trimestrales, donde casi siempre caíamos exhaustos las tres cuartas partes de los compas, al no alcanzar a memorizar con ligereza, las excepciones relativas a este importantísimo tema:
Los a-li-viáis ; los es-tu-diéis; los a-ve-ri-guáis; los a-mor-ti-guéis, incluida su diéresis…

Las tremendas y persistentes dudas en la Conjugaciones, en cuanto a distinguir con celeridad, el: Yo iría, el Yo vaya, el Yo fuera, el Yo fuese, el Yo fuere, si en cada caso debe de ser ¿potencial simple, presente de subjuntivo, pretérito imperfecto o futuro imperfecto…? ya que, de nuevo supusieron en realidad un fondo común seguro de suspensos asegurados, porque, hay que admitirlo, aún hoy, algunos años después, tales dudas siguen existiendo…

¿Qué decir del verso, el ritmo y la rima…¿Otra especie de trío de dudas de difícil encaje y comprensión…? Lo normal era no aceptar de buena fe, que eso de la poesía, era cuestión de niñas, de la rama de letras, de la Academia. No era propio de la rama Industrial-Minera, y por tanto, la atención que le prestábamos a la Profa, era como la de perder el tiempo… ¿Qué era eso de ritmo y rima? ¿Para qué iba a servir…? ¿Para qué iba a servirnos eso de las SINALEFAS…? Una palabrota que nos sonaba a cascabeles y a cencerros… No podía ser- El futuro para un niño de once años, no debía estar en entender, para qué podían servir las SINALEFAS, cuándo mi padre Pedrosa “El Barrenista”, siempre me explicó y me demostró, que con un cordel y un alambre, cualquier problema, tiene solución…

Autor fotografía: Piti

Jirones X. 1959-60 Primer curso en el Instituto Laboral.

Autor: FEDE GARCÍA 22 de Agosto de 2014

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… Un punto y seguido. Nada más. La continuidad de las experiencias en las Escuelas Graduadas, de Fede “El Rubiajo”, tenía, sin duda alguna, voluntad de permanencia, sumando de modo inconsciente una realidad no deseada: seguía siendo un niño de los de menos edad; nueve años. No era el único. Pero no recuerdo a los demás. El hecho real es que en las aulas de la planta baja del Instituto Laboral de Villablino, en el primer curso 1959/1960, sumábamos 40 o 50 alumnos – las alumnas tampoco existían – casi todos entre los doce, trece o catorce años, que procedían de Villablino y del Valle de Laciana en general: Los Caboalles de Arriba y de Abajo, Rioscuro, Llamas, Villaseca, etc.

Mi número de orden, era el venticuatro, quizá, porque se nos ordenaba en riguroso orden alfabético por apellidos, y Garcia, la “G” séptima letra del abecedario común, determinaba al parecer las asignación de ese número par “VEINTE Y CUATRO” ·”24”, que ni se podía olvidar, ni por supuesto, dejar de acompañar en los deberes de la Segunda Enseñanza, en todos los cuadernos, apuntes, libros y demás efectos y artefactos obligatorios para el devenir  de un nuevo tiempo……

Por primera vez, se cargaba sobre nuestras espaldas la obligación de ser muy puntuales a la entrada y salida del Instituto. Los “Profes y Profas”, ya no eran el Sr. Maestro, o el más cercano “Somaestro” o “Sumaestro”…

Los Profes y Profas eran varios. Sus nombres apenas los recuerdo. A la Seño: Josefina de Geografía, por ejemplo, sí la recuerdo. Pero poco más. Eso sí: El cura Don Gildo, ya parecía una parte más del decorado en nuestras mentes, todavía casi infantiles, porque la Religión, era una materia reglada, con notas a peso y presencia imprescindible. Sus explicaciones sobre las historias biblicas del Antiguo Testamento –  el Nuevo Testamento, quedaba para cursos superiores – eran toda un compendio de razonamientos inexplicables: “El Arca de Noé”… en un Diluvio Universal, que al parecer, era un castigo de un señor invisible, indivisible y eterno, que por lo malos y perversos que eran los seres humanos, por haberse embrutecido. La humanidad del momento, ya no creían en esa presencia que todo lo veía, todo lo escuchaba, y todo lo disponía, a pesar de los Profetas, aunque, – eso si lo recuerdo bien – al parecer, los había Mayores y Menores ,Verdaderos y Falsos – todos, antecesores por decreto de un Señor, que había que imaginar, porque era, nos decía Don Gildo, invisible, omnipresente … y muchas otras palabrotas, como envolturas cripticas en forma de atributos, que por supuesto, no nos explicaban ni en su significado ni en su alcance, ni en su contenido…​

Por ejemplo: Don Gildo, que sin duda era un gran comunicador a la hora de  transmitir fábulas, leyendas e historias de una prehistoria muy lejana, nos instruía de modo complaciente pero firme a través de una realidad imaginada a conciencia. Si recuerdo, entre otras; las historias de Elíseo, compañero y discípulo de Elías – o ¿era su hijo…?  ¡Elías, …Elíseo!, que al parecer, había destacado por su profecías, referidas siempre a los ¿Reyes de Israel…? Al parecer, Elíseo era ya famoso por convertir en salubres la aguas del Río Jordán, y por haber descubierto en varias ocasiones los planes del enemigo… ¿De cuál de éllos…? profetizando la liberación de Samaria, porque, Israel como supe muchos años después,simplemente, no existía. Era una invención posterior.

El tal “Eliseo”, al parecer también, era un auténtico figura… porque, decía Don Gildo: que subiendo en una ocasión a ¿Betel…? unos niños se habían burlado de él, llamándole ¡CALVO!… Tremendo insulto… El Sr. Eliseo, les amonestó y no solo eso, se enfadó y les maldijo: Al poco, del bosque salieron unos osos – ¿Carnívoros…? y devoraron a  ¡CUARENTA Y DOS DE ELLOS! sin más contemplaciones.

Pero no acaba aquí la cosa: El Profeta ¿Verdadero o Falso…? Sr. Eliseo, calvo, para más señas, se encontró, un buen día con la viuda de otro Profeta, que solo disponía de un poco de aceite para pagar una deuda ¿Bancaria…? Elíseo el Profeta, le multiplicó tanto el aceite, que la viuda pudo pagar su deuda, ¡ sobrándole gran cantidad de aceita para sobrevivir…?​

Menos mal que era una Hora de Formación Religiosa a la semana y daba tanto de sí, en las manos del Don Gildo, que todavía hoy, está presente de modo virtual, por supuesto, en los recuerdos de Fede “El Rubiajo de ojos azules” y de otros muchos más compas del Insti. Eran clases magistrales de adoctrinamiento pre-seminario..

Las demás asignaturas, naturalmente las ¿Troncales…? de siempre y las de segundo nivel eran: Mates, Español, Geografía e Historia, Formación Manual, Dibujo, Formación Religiosa, Educación Física, Formación del Espíritu Nacional… Nada más y nada menos. Eran en resumen, el esqueleto diseñado para las enseñanzas previamente des-republicanizadas y desinfectadas cautelarmente por el Movimiento Nacional dominante en todas sus versiones, con el que había que lidiar y enfrentarse para esperar el mejor de los posibles futuros. Unos futuros muy, muy lejanos, para unos niños-preadolescentes todavía, de entre nueve y catorce años.

Si recuerdo, también, que para la Formación Manual, había que llevar obligatoriamente un “mono de trabajo personal” de los de tirantes, sin mangas o con mangas, mahón azul, limpio, por supuesto. Porque se trataba en edad tan temprana de introducirnos en el conocimiento y trato con herramientas de toda la vida: de carpintería, mecánica, etc… los gramiles, las escuadras, los formones, los niveles, empezaban a ser compañeros de viaje, que no nos abandonarían durante la larga travesía formativa – que no educativa – de SIETE AÑOS, tránsito, que por otra parte, se nos antojaba una eternidad, si no se repetía curso, en el itinerario de la ESO, en versión MINERO-INDUSTRIAL del momento, años 1959/1960.

También recuerdo de manera muy clara la tremenda Biblioteca del Instituto Laboral “Obispo Arguelles”, a la que se podía acudir a hacer deberes o travesuras. Había revistas: solo “Blanco y Negro”, y otras más pequeñas de Reader Didgest, de nombre extraño, todas de números recientes y ya pasados. Eran, creo, unas revistas mensuales, con muchas páginas y fotos a color, con historias raras, porque a los aplicados estudiantes, en realidad, como en los “cuentos” del C. Trueno y demás, solo le dedicábamos tiempo a los dibujos y a las fotos.​

Había un sistema de fichas de préstamo de libros, que casi siempre, solicitábamos en la mesa de la Señorita Bibliotecaria, que era muy seria y además iba muy bien vestida y con las uñas pintadas. Escribía poemas en sus ocios de guardia, por lo menos eso me parecía, por lo atenta que estaba en su mesa, con gafas de concha en el extremo de su nariz. Los libros prestados, siempre lo eran a nombre propio, y a título de cesión precaria. Pasarse un solo día en la fecha de entrega y devolución en perfecto estado de revista, podía ser objeto de sanción…

Las estanterías estaban casi siempre cerradas con puertas de cristal, y no siempre limpias de polvo. Eran inaccesibles: podíamos mirar el título de los libros por el Lomo, porque, sacarlos para hojearlos estaba prohibido. La Biblioteca, debía estar siempre en completo silencio, a pesar de que nos juntáramos en parejas por afinidad y mutua confianza personal, para comentar en voz muy baja, aquello que nos sorprendía. También había una especie una gran mesa de lectura común con luces pálidas orientadas al librote o libro que, alumnos de cursos superiores tenían a la vista, en un supuesto estado de éxtasis lectural. ¡Vaya Usted, a saber…!

También había de vez en cuando, algún Profe o Profa de otros cursos, que aparentemente consultaban libros en relación con las clases del día siguiente. Esa presencia suponía intentar ser aún más estrictos en el silencio debido. Hasta las páginas había que moverlas con elegancia y, por supuesto, sin ensalivar el índice derecho, como era la norma en clase, con los cuadernos y libros propios.​

En cuanto a la Formación del Espíritu Nacional – F.E.N. – era una asignatura llena, de misterios, de nombres y sucesos de grandes y supuestas gestas: El Alzamiento Nacional un 18 de Julio, la gran-cruzada contra los enemigos de España de la Iglesia y de las ¿tradiciones seculares…? -¿Quién sabía lo que significaba SECULAR…nadie, quizá ni el Profe de la asignatura? Cruzada contra, también esos malos españoles que solo querían despedazar España, una Unidad de Destino en lo Universal – consigna críptica – de difícil explicación que se repetía como una especie de sortilegio mágico, que debía de espantar incluso al más espabilado. Esas consignas no coincidían en absoluto con otras versiones que en nuestras casas se nos transmitían con la boca pequeña, en susurros, por aquello de que las paredes oían siempre, por si acaso.​

Aquellas canciones marchosas-militares-entusiastas-falangistas: “Montañas Nevadas, prietas las filas, nuestras escuadras van … “Cara al Sol, con la camisa nueva,,,” han quedado grabadas a fuego, en las mentes de unos menores en situación de dislexia forzosa y forzada.

La realidad cotidiana era otra: Don Elio, mi profesor virtual en vías de reeducación permanente, sabía mucho de ello, y los mineros de la M.S.P., también, lo sabían y lo sufrían, entre ellos; Pedrosa”El Barrenista”.

Ya, en otras materias: Geografía e Historia, los cuadernos del primer curso, eran la expresión del más puro voluntarismo educacional: Se trataba de repetir y repetir, hasta TREINTA VECES, un tema. Todavía conservo el original con copias manuscritas repetidas a golpe de plumín y tinta azul marino, sin manchas añadidas, desde el 22 de Marzo hasta el 6 de Mayo de1960, en el cuaderno de campo personal apaisado de tapas de libro de Diario de la Tienda de Combarros, y lomo de color marrón tabaco.

El ejemplo es real: copiar hasta treinta veces las Regiones y sus Provincias de la España Eterna: Castilla la Vieja, León, Castilla la Nueva, Extremadura, Galicia, Asturias, País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluña, Valencia y Murcia.. etc. Excepto las Baleares y Canarias, que quedaban ¿Para el siguiente curso…?

Este auténtico modelo de  aprendizaje-memorizable, sin más aliciente, que RECORDAR escribiendo, no era posible que fuera en balde, porque, tras ese cómodo y peregrino sistema de aprender a fuerza de repetir, condicionaría de modo claro las mentes y las actitudes de unos niños, que en el futuro nos íbamos a encontrar con largas cadenas de producción en fábricas adocenadas y muy productivas. (Taylor y Ford, dijeron, aplicaron y se enriquecieron… por supuesto)

22 de Agosto del 2014. Fede “El Rubiajo”

Jirones VIII. Cuarto Grado. Don Gildo: un cura de armas tomar

Autor: FEDE GARCÍA. 11 de Agosto de 2014

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…las Reglas de Urbanidad que el Sr. Maestro del último grado en las E. Graduadas de Villablino , pregonaba a última hora de clase ante unas decenas de alumnos que ya empezaban a vestir pantalón largo y a dibujárseles encima del labio superior un amago de bello rebelde, que en poco tiempo la naturaleza transformaría en proyectos de pre-barbasafeitables por decreto biológico a cada uno en función de la edad: doce, trece, o catorce años. Estas modificaciones naturales incluían algo tan invisible, pero apreciable, como era el tono de voz. Eran premoniciones de que algo cambiaba, sin que nadie lo avisara. Eran misterios naturales de la adolescencia: palabrota indescifrable que todo el mundo utilizaba, pero que nadie se atrevía a explicar y, por supuesto, menos a los afectados. Afectadas no había, al menos en las aulas, segregadas por razón de sexo – ahora de género – en el sistema educativo tradicional impuesto, permitido y aplicado por la razón de la fuerza, que no por la fuerza de la razón, con la inestimable colaboración y control material incluido de la omnipresente y siempre visible Iglesia de toda la vida.

En el caso del Rubiajo de Ojos Azules de apenas nueve años – los diez los cumplía a principios del mismo, por tercera o en cuarta ocasión ya, se encontraba, una vez más, en franca minoría grupal: era el de menos edad, y además – sin ser consciente de ello – pasaba de curso y de grado, debido a circunstancias casi misteriosas: La historia indocumentada e imaginada de la Mula Francis; la lectura forzosa  – subido en una silla de haya encerada -del texto de G. y G. – “El embargo”- recitando el mismo, con la suficiente convicción, como para dejar bien sentado, a juicio del Sr. Maestro, que mi lugar ya no estaba en el tercer grado, sino que debiera de estar en el Grado y Curso siguiente. Por supuesto, sin considerar la edad, ni otras apreciaciones singulares, como por ejemplo: eran las de primar con cuidado a otros niños en función de la pertenencia al “stablisment” local. No era el caso del hijo de Pedrosa-El Barrenista, Fede “El Rubiajo”…

El curso fue pasando en el orden natural que imponía la dedicación mono-laboral de los padres de la mayoría de alumnos: el trabajo en las minas de la Minero Siderúrgica de Ponferrada de carbón: – hulla, antracita – que por miles de toneladas eran arrancadas de los pozos en condiciones muy duras – aunque a los niños nos parecían normales – en una época, donde el salario se abonaba mensualmente en metálico, con libramiento personalizado, donde se incluían los pluses de Puntos por Hijos, el jornal base, la antigüedad, la prima del destajo, y el plus por “Desgaste de Herramientas”, menos el anticipo , por las compras de productos de alimentación de primera necesidad, obligatoriamente debían de ser adquiridos en la COOPERATIVA de la MSP, que se encontraba en medio de las praderías y patatales de la vega entre la carretera de San Miguel a la estación del Ferrocarril de Villablino…

Lo cierto, es que el  Cuarto y último Grado, no fue aburrido. En absoluto.

Una vez a la semana, pasaba revista el Sr. cura Don Gildo, todo vestido de negro y tonsurado. Era un señor relativamente joven o mayor ¿40, 45 años? bien plantado, enérgico, sin ser  – al menos ante los ojos de los ya adolescentes escolares de pantalón largo y cintos de cuero crudo – especialmente humillante. Se paseaba paciente y lentamente entre las dos vacíos, que las tres filas de pupitres imponían por aplicación de las reglas de la Geometría Elemental, elucubrando sobre historias, epístolas, etimologías, deuteronomios, testamentos antiguos, nuevos, etc. Estaba claro, que esos libros del Viejo Testamento: Génesis, Pentateuco, etc, habían sido escritos por orden e inspiración divina, en unas épocas indefinidas, en las que al parecer, algunos elegidos ¿Visionarios del futuro..?: anticipaban castigos multitudinarios a los que incumplían la Ley de DIOS, en versión Mosaica: El Sr. Moises había recibido las tablas de piedra con XII órdenes concretas iluminado en una esquina perdida en un monte de nombre olvidado.

Las explicaciones excluyentes que justificaban la veracidad de la ¿propia y única verdad..? por ejemplo, eran del tipo de : “Matusalén, había vivido 200 ó 300 años, sin más explicaciones, por la gracia de no se sabía quién, cuando la existencia de cualquiera no era superior a los treinta o cuarenta años. Había que tener Fe, que traducido, quería decir, que había que creer por decreto, en aquello que carecía de lógica y de una explicación convincente para los adolescentes. Nunca nos explicaron, por qué razón las muy visibles Tablas de la Ley, estaban escritas en piedra y en números romanos, cuando el supuesto iluminado que las escribió, no sabía escribir y menos en números romanos, que por cierto, pertenecían a un futuro medido en cientos de años.

Siempre me pregunté, también con lógica implacable, que razón  obligaba a Don Gildo a llevar la coronilla afeitada y redonda con tanto esmero y rotundidad. Podría ser – pensaba – que por allí le entraba la ciencia infusa y la iluminación de que tanto hablaba. Se trataba del misterioso ¿Espiritu Santo…?

El librito del Catecismo era de manual de los de bolsillo, impreso en papel de color indescifrable, que se enrollaba como si fuera un artefacto que cabía en el bolsillo del pantalón, por la simple razón de que se llevaba encima el día en que se anunciaba previamente que Don Gildo iba a hacernos el honor de visitarnos. Leerlo y memorizarlo, era obligado, porque si las preguntas de control aleatorias que Don Gildo, no solo imaginaba, si no que lanzaba, con aviso de pescozón previo en la nuca del agraciado de turno – siempre por la espalda – no era contestada con convicción y convencimiento a su gusto, la sanción imaginada sería la de asistir a determinadas clases extraescolares en la Catequesis después de misa mayor de las Doce, en domingos y fiestas de guardar.

Don Gildo, era simplemente Don Gildo. Creo recordar que fuera del horario escolar, en el deambular por las calles y plaza de Villablino, devocionario en mano de los de piel oscura, canto y sobre cantos colorados, determinados alumnos, le besaban la contra-palma de la mano ¿izquierda o derecha? no lo recuerdo… Don Gildo iba siempre impecablemente vestido. La larga botonera corrida de la sotana– decenas de botoncitos redondos, todos ellos forrados de negro – eran, para el Rubiajo, un problema, porque la pregunta obligada era, ¿Cómo era capaz de abrocharse tanto botón sin equivocarse nunca…? Dudas y preguntas, que el tiempo y el sentido común fue aclarando, al comprobar por ejemplo, que debajo de aquellas sotanas siempre pulcras, llevaba unos pantalones como los demás. Eso sí, eran pantalones NEGROS, y además los botones estaban fijos y firmemente cosidos a la sotana. No era necesario desbrocharlos, porque la misma se ajustaba y se fijaba, con unos simples corchetes clandestinos. Dilema resuelto.

Una tarde de primavera de sol radiante y cielo azul  sin manchas de ningún tipo en el mismo – no recuerdo qué día de la semana era -, me quedé sentado en las escaleras de acceso a la Escuela. Eran de piedra, bastante inclinadas. Por el acceso de la izquierda subían los niños, por el acceso de la derecha subían las niñas. Esas Escaleras aún existen, y son las del acceso desde la carretera de Villablino a San Miguel de toda la vida al Colegio, donde me quedé sentado, rumiando sobre algún desencuentro previo con los compas de más edad, que en la mañana de ese mismo día se habría producido en el patio del Cole. Esa tarde, no entré al Cole. Hice por primera y única vez: ¿novillos…? pensando que mi padre: Pedrosa “ El Barrenista”, no se iba a enterar, porque él y el resto del relevo de mañana, pasaban andando desde el Pozo Calderón, al terminar el turno por la misma carretera, hacia las seis de la tarde. Me había hecho el firme propósito de retirarme a las cinco, antes de que pasaran los mineros de vuelta a sus casas – entre ellos, mi padre – No fue posible cumplir el mismo: simplemente me dormí.

Me despertó una voz muy familiar, que me decía; ¡Fede, despierta…!
Era mi padre, que me espabilaba, ante el silencio y miradas interrogantes del resto de sus compañeros…

Me dijo: ¡Coge la cartera y camina delante nuestro sin parar hasta casa! ¡Ya hablaremos…! Aún hoy, muchos años después, aún sigo esperando la necesaria reprimenda… El Sr. Pedrosa “El Barrenista” – hace ya algún tiempo que se olvidó de todos y de todo…- creo, que no se olvidó jamás de la reprimenda. La reprimenda estaba envuelta implícitamente en la orden: ¡Ya hablaremos…! en la propia imaginación del Rubiajo, a la espera de cómo me iba a castigar por haber hecho, con razón o sin ella, una vez “Novillos” en el Colegio de las Escuela Graduadas de Villablino, una tarde soleada de primavera…

Imagen tomada de: mscperu.org

Jirones III. Primer grado y Comunión.

Autor: FEDE GARCIA, 10 de Julio del 2014

1957. Fede García González el día de su Primera Comunión.

1957. Fede García González el día de su Primera Comunión.

Frío. Mucho frío. No recuerdo, si había calefacción con caldera, en los bajos de las Escuelas… Sí había carbonera y leñera, y la estufa de leña. Los niños, cabizbajos, ateridos, con los dedos de las manos entreabiertos, porque, solo el roce de uno con otro, ya causaba picores. Los sabañones era lo común. Calentarse las manos, para poder, orientar el pizarrín, o el plumín de tinta, con mango de madera puntiaguda, era todo un poema.

La tinta, negra siempre, no estaba congelada, pero casi, en unos pequeños tinteros, que, cada día, el Sr. maestro tenía que rellenar con una botella de tinta que tenía en el armario de cristales, al lado de su gran mesa de madera, con el plumero, útiles de escritorio, el puntero de avellano, y, una paciencia enorme, para, dictar a viva voz, las redacciones del día.

El “su maestro”. apócope infantilizado del Sr. Maestro, habitual, era, previo alzamiento de la mano oportuna, era una tregua esperada por el resto de los azorados niños (niñas no había) no estaban al lado de los niños. Estaban en el duplicado de las aulas, en el edificio común, en la parte derecha del mismo, separados, incluso los patios de recreo, por un muro de piedra de los “cal y canto”, que separaba, hasta las cancelas de la entrada y salida del niñerío.

El muro, era un muro sólido, eficaz en su objetivo. Tal como la separación de la educación por naturalezas, casi logró, fosilizar, la natural convivencia y crecimiento compartido de niños y niñas en términos de normalidad, cuyas consecuencias en el futuro próximo de cada niño y niña, han sido diezmadas.

Además, el Sr. Cura: Don Gildo. Nos visitaba una vez a la semana, y nos hablaba del Catecismo, de historias bárbaras, de lo malo que era no estar bautizado, de que teníamos que aprendernos de memoria las oraciones habituales: Ave María, Padre Nuestro, etc, El rosario, las cuaresmas, los ejercicios espirituales, las confesiones obligadas y necesarias, el terror a que cualquier pensamiento, obra, y también, por omisión, se podían sumar en el debe personal, pecaditos veniales, que por repetición se podían convertir en pecados mortales graves, o muy graves…, de difícil, reparación, ni incluso con las indescifrables “INDULGENCIAS”, que al parecer, podía ser PLENARIAS, y ¿Parciales…? No recuerdo bien.

Si recuerdo, que, debíamos de hacer la PRIMERA COMUNION, y para ello, había que recibir ¿Clases de apoyo-extraescolares…? La Catequesis, a la que era obligado asistir, atender, y además entender. Estas lecciones de orientaciones cristiano-católicas, eran ofertadas, por las llamadas y reconocidas “CATEQUISTAS”, bajo el control y complacencia del Sr. Cura Párroco, Don Gildo. (Hermenegildo Cachón Cordero), para más señas, que en tiempos de pre-comunión, comprobaba la marcha del entendimiento común en estas materias, en una pequeña ermita-capilla, que existía al lado del Cine Viejo de Villablino.

Las explicaciones prácticas, de las diferencias entre lo que era un pecado venial, o mortal, eran particularmente angustiosas, para mentalidades casi-infantiles, en pleno desarrollo. Por ejemplo: Un pecado venial, es como una pequeñita culebra, que te puede morder, pero no te mata; un pecado mortal, es como la mordedura de una víbora: te mata, sin más trámites…

Nuestras mentes salían espantadas de tales explicaciones. Esa noche, era imposible dormir, pensando en las culebras y las víboras.

Aún así, acababa, el Sr. Don Gildo, apaciguando nuestra natural ansiedad, con unos caramelos y un: ¡Os espero el viernes que viene…!

Hubo comunión, como no. En Mayo: La misa mayor de domingo, los trajes, el rosario, el librito de pastas brillantes y lecturas de historias viejas en letras rojas y papel cebolla. Fotos, familias agrupadas en torno a su vástago o vástaga, vestidos y vestidas, como jamás se había visto. Un exceso absoluto, al margen de las economías cuarteadas de las familias de base de toda la vida. Había que pedir prestado, para el vestido de la niña, para un solo día, o del niño. ¡Qué más da! Por cierto, a mí, me vistieron de capitán de marina, todo de blanco: El traje y sus abalorios, me los regaló mi abuela paterna Josefa Pedrosa Busquets, desde Jaén, con toda su buena fe, y aprecio por un nieto, que crecía y lo educaban muy lejos de ella.

Aunque eso, sí. Siempre, cabía la posibilidad de reestrenar los ajuares ejemplares del día, la próxima comunión en el siguiente año, porque en el escalón familiar extensivo, siempre existía el candidato o candidata de primer grado, que recogiera los arreos, en una, dos o más ocasiones.

Lo que era digno de mención y recuerdo era la chocolatada-comunal- que ponía la guinda a tal excepcional celebración: Una gran mesa común, alargada, con sillas de tijera de madera, con mantel blanco, tazones de loza, y chocolate a la taza, hirviendo siempre, con algunas pastas, baberos blancos o de cuadros, por aquello de las manchas en traje nuevo, más, el alboroto comunal, por haber superado todos y todas, con matrícula, el aquelarre anual de acogimiento a la comunidad cristiano-católica.

Por cierto, tardé años en entender la diferencia, entre cristianos y católicos, protestante y ortodoxos. Nadie nos lo explicó. Solo nos explicaron las guerras, los buenos y los malos, los moros y los cristianos, lo malo que era no confesarse por lo menos una vez al mes, o a la semana, o cada día, y cumplir con penitencias absurdas, que nunca eran suficientes, comunicadas en secreto, en la sombra de un Confesionario oscuro y en ocasiones, maloliente, a través de unos ventanucos de maderitas cruzadas, que daban miedo, y sin ver, a quien te ordenaba, siete ave-marías, tres padres-nuestros, un acto de contrición y, de propina, rezar el rosario un par de veces, por supuestos pecadillos de pensamiento, porque de obra, eso quedaba para los mayores…

1957. Chocolatada primera Comunión.

1957. Chocolatada Primera Comunión.

Autor fotografías: Piti