Cerrando el círculo (el baile de los apellidos)


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Todos llevamos en nuestro ADN la huella de nuestros antepasados. La secuencia de bases A T G C que conforman su hélice, guarda la información común a toda la especie humana y los matices que a cada individuo han ido aportando los sucesivos apareamientos de todos sus ancestros, hasta Adán y Eva. Si en el ADN quedaran reflejados los apellidos, qué fácil sería elaborar los árboles genealógicos sin tener que recurrir a expertos, como Juan Blesa tuvo que hacer con los Vidal-Abarca, que viven de rastrear apellidos desempolvando los libros de bautismos, matrimonios y defunciones en iglesias y registros civiles.

Así como es imposible prescindir de los códigos A T G C que componen el ADN, los apellidos aparecen y desaparecen de las familias a velocidad de vértigo con cada matrimonio. Solo hay sitio para dos apellidos por persona. Lo mismo da que el apellido sea tan ilustre como Vidal-Abarca o tan vulgar como García. Si no están en primera posición, se irán por el desagüe en la siguiente generación. En el caso de mis hijos, por ahí se ha ido la gloria de los Servet, Vidal-Abarca, Lloréns, Rodero y Castel de la misma forma que lo han hecho los más modestos de la Calzada, Alonso y González.

Lo mismo da que los primeros fueran comerciantes de paños y banqueros o prestamistas, guerreros y regidores o inquisidores o catedráticos, firmantes de billetes del Banco de España o altos funcionarios y los segundos humildes campesinos y ganaderos.

Sancho Abarca cambió su tosco calzado de pastor por los borceguíes reales a finales del siglo X. Mil años más tarde mis dos abuelos aún seguían dando vueltas en el trillo y abriendo surcos en la tierra apretando fuerte sobre la mancera del arado romano. Esos mil años de ventaja y seguramente algo de osadía, permitieron a unos ser potentados y gente muy distinguida, mientras los otros siguieron apegados al terruño y viviendo bajo costumbres casi medievales.

Pues bien, de nada sirve un pasado glorioso o anodino en la lucha de los apellidos por subsistir. Si eres mujer, tu apellido solo estará a la altura del de los hombres a la hora de dejar su impronta en el ADN de la descendencia, pero desaparecerá de la vida civil.

Ellos, como pavos reales en sus uniformes o bajo sombreros campesinos que les cobijan del sol, han escrito la historia a lanzadas y espadazos o golpes de azada. Ellas, algunas representadas como anónimas siluetas en los árboles genealógicos donde sus apellidos naufragan irremediablemente, son generación tras generación la fuente de vida que no se agota. Ellos aportan la inspiración de un instante y ellas la dedicación y sacrificio de toda su vida. Ellos ponen los apellidos y ellas lo más importante, los nombres y el cariño. Parece que la contribución de ellos y ellas a la progenie, aun habiendo actuado por parejas de hombre y mujer, discurre por dos círculos diferentes, casi tangentes, que no se tocan. El de ellos cuyos apellidos permanecen en los árboles genealógicos a través de la primacía del varón y el círculo de ellas cuyo rastro familiar se va perdiendo en este baile continuo de apellidos, pero que nos aportan la ternura y el cariño que los hombres somos capaces de soportar solo en pequeñas dosis.

Lo más bonito que tenemos ahora en casa es mi nieta Lola. Lola Llabrés García que en sus genes tiene el eco lejano de su ta-ta-tatarabuela Antonia Ayllón Miranda, mallorquina, junto con los más recientes de los Llabrés, mallorquines también, en ordenado revoltijo de As, Tes, Ges y Ces de los García de Velilla de Valderaduey y de los Sánchez de Alhama de Murcia, antes Vidal-Abarca, de los Calzada de Posada de Omaña, de los Rodero de San Felices de los Gallegos, de los Servet catalano-murcianos, de los Lloréns catalanes, de los Castel de Guadalajara, …….. . Y eso sin remontarnos a los fenicios, cartagineses, romanos, a los visigodos, árabes, etc, etc, que de todos tendremos algo. Lola tiene algo de todos ellos, tras siglos y siglos de apareamientos de gentes de toda procedencia. Y solo dos apellidos.

Lola dará a sus hijos un efímero Llabrés que ya no llevarán sus nietos, pero todos llevarán en su ADN el recuerdo del batiburrillo de apellidos, unos muy notables y otros menos, que son los responsables de que ella sea esa cosita tan entrañable, ya se vista de ratoncita, de pirata con parche en el ojo o de brujita Tapita. Que la historia siga con esta mezcla de orígenes, de historias de gloria, de miserias, de blasones y de sombreros campesinos, de mestizaje continuo si de vez en cuando se produce el milagro llamado Lola.

Lola suele cantar con su media lengua de niña pequeña, mientras levanta con sus manos una pared imaginaría,

ladrillo a ladrillo
construyo un castillo
tan alto tan alto
que llega hasta el Sol

Lola pondrá su ladrillo ATGC en su descendencia, pero mi modesto apellido García habrá llegado a su fin, como ya sucedió antes con el de Vidal-Abarca y todos los demás, provinieran de un alto linaje o de gente apegada a su terruño. Y así debe de ser para que siga surgiendo de vez en cuando una niña como Lola. En las sucesivas lolas radica la salvación de esta especie desorientada. Adiós García, adiós Vidal-Abarca y adiós a otros tantos que vendrán, que ninguno se quedará para siempre.

EGªCalzada
Autor: Emilio García de la Calzada

Un pensamiento en “Cerrando el círculo (el baile de los apellidos)

  1. Este post viene a demostrar algo que es obvio “Los nombres no hacen a las personas, por el contrario son las personas las que hacen a los nombres”. Cuando alguien es importante, su nombre se hace importante y permanece en la historia. Unos pocos familiares disfrutan de sus apellidos una temporada pero luego se pierde. Pero se pierde hasta que aparezca otra persona importante que con sus hechos y virtudes realce su nombre y lo convierta en “importante” para que otra generación de familiares puedan disfrutar de ese apellido otra temporadita…. Como ejemplo tonto te diré que yo conozco a Cristobal Colon, pero no conozco a ninguno de sus familiares. Al final, lo que quedará siempre son las personas que han sido importantes y sus hechos, tanto a nivel mundial como a nivel personal y familiar.

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